La conspiración de los filtros infinitos
Por Julio Zoppi
Intro
Sucede que me gusta hacer repasos de sobremesa, y el balance poético es un atajo intelectual que permite acceder a altas profundidades con bajos requerimientos de enfermedad. Como decía Cioran, la vida es apenas un estado de no-suicidio, y ponerse a escrutar la condición humana así como así, en paños menores, al menos desalienta ulteriores consecuencias de presuntas conclusiones pesimistas. Escribir al ras del cielo, desde la licenciosa omnipotencia con la que me consagra la bella inmunidad argumental que sólo dan los fueros literarios. Y no es permiso para mentir como dicen los racionalistas, ni para plantear arbitrariedades como dicen otros pajarracos de academia, sino una licencia para no rendirse ante verdades ya vencidas y no temer represalias por experimentar con algo tan peligroso como el pensamiento desautorizado.
¿Pero se trata en realidad de un nuevo enfoque argumentativo? No, pero este discurrir free-lance apuesto a que ya se ha transformado en una norma reflexiva multicompatible. Se trata de un zigzagueante monstruo discursivo, hijo ilegítimo y sobreviviente de una madre y varios padres un tanto diferentes. Por un lado, el útero del lenguaje poético le da su capacidad de conmover usando toda la gama sensible y seminal de las imágenes. Y de modo sorprendente esta característica halla sintonía con el modo postmoderno de comprensión caracterizado por los fogonazos del videoclip y la síntesis de las sucesiones. Del psicoanálisis del lenguaje y de la filosofía del deseo tiene ese tartamudeo obtuso, ese revolver en la olla de las asociaciones aparentemente arbitrarias hasta que aparezca casi junto al dolor de cabeza la distensión de una legibilidad. Del reloj cartesiano y la razón iluminista guarda unas cíclicas y orientadoras regresiones a la linealidad progresiva racional, riendas fundamentales que impiden el desbocamiento de significantes y los excesos centrífugos, empuja hacia dentro y hacia abajo el discurso, evitando que se desintegre por propia evaporación infinita y garantizando la imprescindible profundidad de los escaneos. Así los textos resultantes de este nuevo modo sintético del conocimiento podrían verse desde el punto de vista formal como narraciones analítico-poéticas en tiempo real. Todo un decir que juega en el límite entre la demostración y el ocultamiento, fatigando su previsibilidad hasta un cierto cansancio para que un descuido de su vigilancia se escape algún sentido fresco.
La máquina de comparar y excluir
Nacemos para ser comparados. Y como las comparaciones son odiosas, el odio ha de ser nuestro más fiel compañero en la vida. Si no aprendemos a sentirnos cómodos en su compañía, más vale pidamos asilo perpetuo en el útero. Una precoz especie de extorsión recorrerá todos y cada uno de nuestros días. El amor y la solidaridad, compatibles con la inclusión generalizada, arrancan la carrera con diez vueltas menos.
¿Dónde nace al menos en occidente esta concepción excluyente y restrictiva de la condición humana? La amenaza permanente de vivir para pasar filtros, sobrevivir volteadas, traspasar infinitas redes que se instalan unas tras otras en nuestro camino a cada instante de vida que transitamos. Desear es desear ningún otro objeto que una nueva inclusión, jamás satisfecha por la sencilla razón de que siempre existe alguna más inalcanzable, en una selección infinita de nuevos tamices.
Es evidente que la huella del saber cristiano tiene alguna que otra responsabilidad en esto. El origen fue siempre el sometimiento y el control necesario para que unos pudieran vivir a expensas de otros. Se escogió para ello una escala meritocrática, en la cual la salvación era una conquista obligatoria, y el cupo de salvados era ínfimo porque la virtud era lamentablemente escasa y lo natural era el pecado. Para ello fue necesario obviamente inventar un estándar tan alto para la admisión que simplemente fuera incumplible para la normalidad de los mortales. Un examen de ingreso tan difícil diseñado para que todos los seres humanos fueran siempre en primera instancia y por el solo fluir natural de su programación genética, pecadores y fracasados morales. El poder era una justicia infinita e infalible que no hacía otra cosa que mantener el cumplimiento generalizado de condenas eternas y dictaba muy de tanto en tanto algunas pocas sentencias absolutorias.
Pero la falacia de esta ficción meritocrática se fue de a poco desmintiendo cuando esos principios acumularon siglos de práctica y evolución ininterrumpida, incluida la llegada de la moderna variante de la competencia industrialista. Pero como el peligro era que a demasiados se les diera por cultivar la virtud y pasar el examen, no se trataba de que todos los que lo cumplieran podían ser aceptados; los admitidos debían ser siempre necesariamente pocos, para que al mundo lo hiciera funcionar nada más y nada menos que la propia inercia de los deseos batallantes de los excluidos. Nació allí una verdadera filosofía de la comparación infinita y de los filtros infinitos, donde la exclusión era la norma por defecto y la inclusión la excepción, lógica que mostraba una eficacia brutal en su reproducción. Estos principios fundantes operando en todos los montajes psíquicos del individuo: familiar, cultural y social, pronto pasaron a impregnar todos los intersticios de la vida de relación humana. La pauta reguladora se manifestaba de diversas formas pero con un único fondo.
Las consecuencias de esta regla de oro a nivel general son bastante conocidas: producir un combate perpetuo entre indiferencias asesinas, egocentrismos miserables y soledades defensivas. El mundo es sordo, mudo y ciego ante quien no tiene más poder que ser él mismo. La amenaza de comparación permanente hipertrofia la desconfianza en los otros, las ficciones de mancomuniones constructivas esconden el zumbido de un instinto básico de inter-exterminio que flota. El mundo es una refriega cotidiana por conquistar las inclusiones, y en ese afiebrado ambiente hay que obtener un salvoconducto nuevo cada día. Los beneficios pocas veces son mutuos porque el sistema de reconocimientos no puede ser jamás horizontal ni indiferente a mantener el orden restrictivo en la inclusión. Es una cuestión de selección donde prevalece el mandato de la cantidad menor que sea posible y no el de la calidad como juicio de valor independiente. Es incompatible a cualquier filosofía de convivencia en la cooperación o la solidaridad, palabras y principios estos últimos que de tan ingenuos, triviales, devaluados y violados que parecen ser y estar por estos días, me dan cierto pudor mencionar.
La permanencia de la valoración restrictiva es tan indespegable que ni la muerte la releva. No sueñes con que la prometida paz de la putrefacción inhumada de tus enzimas vitales te libere de tal desgracia. Si con la muerte creías que te ibas de vacaciones estás equivocado, tal vez la tuya tenga que competir por el premio de la Fundación Garrochas entre las diez muertes más destacadas de la década.
Dividir por cero
En Sábato encontraba una reflexión inquietante: contrastar a la literatura con los mundos científico-matemáticos de validaciones incuestionables. Por un lado esos objetos ideales de vigencia eterna donde la valoración puede de alguna forma ser prevista y controlada. Por el otro los del arte, sometidos al padecimiento de la eterna cuestionabilidad.
La matemática parte de una ficción de la verdad que es la exactitud, la única ficción donde todo es demostrable, donde las fórmulas son universales. Desde el punto de vista de la valoración, el orden matemático ofrece cierta tranquilizadora seguridad para su reclamo, evitando la peligrosa intromisión de cualquiera a la que está expuesto el campo de la verdad desnuda. Y cuando no se puede, adiós, sobreviene el retiro de la cuestión, como decía un profesor de matemática ante mi pregunta de por qué no se podía dividir por cero “por que no da, no se puede, es una indeterminación”. La matemática acepta demasiado confiadamente esas renuncias a toda libertad de cuestionar, por ello ha sido utilizada por los pensamientos totalitarios como instrumento. Si no da, no existe, ya está, ya fue. El razonamiento matemático es un arte como cualquier otro, su carácter de mundo ideal donde ex profeso se quita todo lo que pueda molestar, es decididamente bello, el problema es cuando de sus reglas válidas para su juego, se infieren implicancias filosóficas que pretenden sermonear al resto del conocimiento. Esta extrapolación es paradójicamente tanto matemáticamente como no-matemáticamente absurda. Fuera del juego no son válidas las trampas a las que apela para poder seguir siendo infalible.
Hacia el reconocimiento no excluyente
Los sistemas de premios y castigos, reconocimientos e ignorancias, aprecios y desprecios, son fundantes para la estrategia básica de cualquier sistema de producción. En el ámbito particular de la creación literaria y en el de la producción cultural en general, el castigo por antonomasia es la exclusión del nombre. Sentirse no nombrado, es sentirse no leído, no visto, no registrado, ni siquiera saludado por el entorno. Este ninguneo corrompe el equilibrio neuroquímico vital de cualquier trabajador cultural. ¿Pero por qué el correlato del ejercicio del arte debiera ser una dependencia tan marcada de la valoración y su hermana mayor que es la inclusión? ¿Por qué esa necesidad de someterse al arbitrio de sentencias eliminatorias? En las jergas competitivas se usa el término ‘eliminado’ para quien pierde alguna instancia de un juego. No es casual, se necesita construir de la forma más brutal el sentido de lo que realmente significa: aniquilado, borrado, desaparecido en un instante, de un soplido.
¿Se puede lograr una vida creadora evitando ser absorbido por esta lógica? Son pocos los que logran sustraerse a la violencia de esta atracción, es que el deseo es criado según ese destino y ese modelo ineluctable de una falta. La inclusión nunca es para todos, ni siquiera cumpliendo el más perverso pliego de exigencias.
Pero la incompletud puede ser evitada. Basta nomás con la hazaña de construir una lógica de reconocimiento que desafíe a la excluyente y así poder criar un deseo vaciado de desesperación. Los nuevos medios de las redes electrónicas que nos ponen en contacto directo, sin intermediarios, tal vez hayan abierto una ventana por donde escapar.
Para nombrar decir la mentira hay un verbo, mentir. Para nombrar decir la verdad no hay nada.
7 Responses to La conspiración de los filtros infinitos
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No sé cuánto del estado general de cosas, o sensación respecto del estado general de cosas, que denunciás aquí puede atribuirse al mundo, y cuánto al país. Recién leí la nota en lavaca.org sobre la desaparición y reaparición de la hija de una de las tres Madres de Plaza de Mayo cuyos restos aparecieron bajo la autopista; es grande la consternación al pensar en la enormidad de las fuerzas y los medios que el Estado argentino dedicó al exterminio lento e implacable de miles de personas. Quizás esa vocación por la destrucción haya quedado como huella o como marca en nuestra cultura, además de las marcas de tortura en los cuerpos, algunos de los cuales lograron rehacer sus almas y sus vidas. O tal vez se trate sólo de desidia, desesperación depresiva colectiva, desinterés general. Mucho más probablemente sea una mezcla de ambos. Somos una sociedad que se divide entre quienes no pueden o no quieren hacer nada, y quienes hacen el mal. Cada tanto surge alguna mutación genética, como vos o los locos que hacemos este blog. Alguien que desea producir, dar, no estar solo. Lo que pedís al final de tu post, es poquísimo, es casi nada: ¡que nos nombren! ¡Que podamos crear algo! Un elemental cuestionamiento al poder de los malos de turno, una mínima esperanza de que no todo en la vida sea concentracionario, o como dice Kafka en “Informe para una academia”: “Libertad no, sólo una salida”. Y sin embargo, el que te hayas atrevido a imaginarlo y a decirlo es el fruto de un inmenso esfuerzo. Tu texto es de una honestidad demoledora.
Xenia
Puedo decirte que estoy demoledoramente agradecido por tu brutalmente honesta forma de compartir este texto y de regalarme una invalorable recreación de su mensaje.
Si, en este “nuestro país” como me enseñó a decir no se quién carajo en mi adolescencia, las cosas adquieren un contorno abrasador que quema cualquier pretendida ficción de universalidad reflexiva.
Aquí todo es más grave, más desmesurado, la irracionalidad es más patética, las vergüenzas son más flagrantes, las vejaciones son más bizarras, las injusticias son más grotescas.
Pero este ego argentino por condición de outsider geográfico y de subproducto de un enciclopedismo racial, se las rebusca de modo inigualable para fabricarse escapes directos a la victoria…aunque sea virtual…
Julio
hey – es la primera vez que posteo en un blog.
llegué al tuyo de casualidad – me atrajo el nombre
(“kaputt” suena bien a kappo de la segunda.)
me gustó bastante.
De este post quisiera contigo discutir, si es que se me permite, algo sobre el apartado “Dividir por cero”. Me parecen interesantes algunos puntos, pero en otros diverjo claramente. O al menos, difiero en forma parcial, seudoparcial si quieres.
“La matemática parte de una ficción de la verdad que es la exactitud”
Para tener una ficción de la verdad, tendría que haber una verdad, ¿no? Si la has visto, ¡dime donde está!
Primeramente, toda actividad intelectual es ficcional, en el sentido de que claramente, no es fáctica. En el sentido de ficción entendida como abstracción, conceptualizacion. Fáctica es una piña en la jeta, o un garzo en la cancha, una putiada bien de adentro cuando te das el dedo gordo del pie contra la pata de la cama. La matemática es tan ficcional como la literatura, como el ajedrez o como la pintura: es la decoración de algo que está ahí afuera, sucediendo. La matemática es, de alguna forma, apenas un lenguaje.
(incluso el concepto de “exactitud”, matemáticamente, no existe. Sería como el concepto de “redondel”, o el concepto de “esa mina la única ese que pronuncia es la de naSta”.)
“La matemática acepta demasiado confiadamente esas renuncias a toda libertad de cuestionar”
Creo que estoy en absoluto desacuerdo contigo en este punto. La escencia de la matemática ES cuestionar. Es cuestionar cada proposición, por más obvia y trivial que parezca. ¿Alguna vez te has preguntado porqué 1+1=2 y no 1+1=3? ¿O si hay mas números pares que impares? ¿Te pusiste a PENSAR QUÈ CARAJOS ES EL CERO? (Pensar de en serio, nada de verborragia barroco-popular decoradora de oraciones). La matemática no aceptó esos hechos mientras no fueron demostrados. Eso es cuestionar también, ¿no te parece?.
Mencionas el caso en el que el profesor de matemáticas huye a la respuesta de la división por cero, lo cual puede haberte dado la idea de que:
“Y cuando no se puede, adiós, sobreviene el retiro de la cuestión”
¿Has tratado de dividir por cero alguna vez? Hagamos la prueba: Tengo dos manzanas y las divido entre 0 amiguitos. Si quieres usar un término menos matemático: las “reparto” entre mis 0 amiguitos. Como es una “indeterminacion”, podriamos asignarle el valor que querramos, ¿no es asi?. Bueno hagamos la prueba. Tengo dos manzanas, y cero amiguitos. A cada amiguito le toca un bulón del micro de Bandana.
Ahora debés estar pensando “que mongoloide este tipo”. Podrías rertucarme: “¿porqué querría yo dividir por cero?” Bueno, yo te respondo: “¿porqué no?”. Si quieres tu dividir por cero, te invito a que hagas la prueba. ¿Eres feliz con 1 dividido cero = alejandra pradon?
“el problema es cuando de sus reglas válidas para su juego, se infieren implicancias filosóficas que pretenden sermonear al resto del conocimiento”
En esto coincido al menos parcialmente contigo. Pero el problema no es de la matemática… tan sólo de los zopencos que creen que pueden darle a la vida una inocente valoración binaria “malo-bueno”, “si-no”, “blanco-negro”.
La matemática ES filosofía. Filosofía con su propia semántica y gramática, con su propio corpus de estudio. Con sus propios límites, al igual que toda teoría filosófica. Por más que seas Kantiano, todas las cuestiones con la dilucidacion de la verdad se acaban cuando te pegan un tiro en la cabeza. El nihilismo nieztcheano se acaba cuando una patota te deja cuadriplejico. Acá no hay “mundo exterior” que valga. Es decir, pretender que una construccion mental modifique la continuidad vital de “lo que sucede” (also known as “REALIDAD” o, de forma más peronista, “VERDAD”), es una estupidez.
De hecho, la idea de que la matemática es SI-NO, VERDADERO-FALSO, tambien es una falacia… incluso en matemática hay sentencias que son verdaderas y falsas a la vez, como por ejemplo, “la potencia del continuo”. Gödel incluso llegó a probar que todo sistema axiomático tiene al menos una proposicion de la cual no se puede inferir un valor de verdad.
Verdaderamente, la matemática no es infalible. Es tanto como el ser humano. Brower, un matemático holandés del siglo 19, junto con Krönecker tuvieron una visión bastamente crítica del corpus establecido de la matemática, cuestionando las demostraciones de existencia puras – ambos impulsaron un nuevo concepto matemático, el Constructivismo, basandose en premisas simples. Es muy interesante, muy radical su postura. Muy combativa.
El contructivismo tuvo como pricipal detractor a David “el terrible” Hilbert, matemático francés que brilló en los primeros años del siglo 20.
Sería interesante que me respondas o que al menos sigamos discutiendo. Es un tema apasionante. Sobre los problemas filosóficos de las matemáticas hay bastantes libros. Puedo pasarte algo de data en pdf si quieres.
saludos y muy weno el blog.
m®
hey – es la primera vez que posteo en un blog.
llegué al tuyo de casualidad – me atrajo el nombre
(“kaputt” suena bien a kappo de la segunda.)
me gustó bastante.
De este post quisiera contigo discutir, si es que se me permite, algo sobre el apartado “Dividir por cero”. Me parecen interesantes algunos puntos, pero en otros diverjo claramente. O al menos, difiero en forma parcial, seudoparcial si quieres.
“La matemática parte de una ficción de la verdad que es la exactitud”
Para tener una ficción de la verdad, tendría que haber una verdad, ¿no? Si la has visto, ¡dime donde está!
Primeramente, toda actividad intelectual es ficcional, en el sentido de que claramente, no es fáctica. En el sentido de ficción entendida como abstracción, conceptualizacion. Fáctica es una piña en la jeta, o un garzo en la cancha, una putiada bien de adentro cuando te das el dedo gordo del pie contra la pata de la cama. La matemática es tan ficcional como la literatura, como el ajedrez o como la pintura: es la decoración de algo que está ahí afuera, sucediendo. La matemática es, de alguna forma, apenas un lenguaje.
(incluso el concepto de “exactitud”, matemáticamente, no existe. Sería como el concepto de “redondel”, o el concepto de “esa mina la única ese que pronuncia es la de naSta”.)
“La matemática acepta demasiado confiadamente esas renuncias a toda libertad de cuestionar”
Creo que estoy en absoluto desacuerdo contigo en este punto. La escencia de la matemática ES cuestionar. Es cuestionar cada proposición, por más obvia y trivial que parezca. ¿Alguna vez te has preguntado porqué 1+1=2 y no 1+1=3? ¿O si hay mas números pares que impares? ¿Te pusiste a PENSAR QUÈ CARAJOS ES EL CERO? (Pensar de en serio, nada de verborragia barroco-popular decoradora de oraciones). La matemática no aceptó esos hechos mientras no fueron demostrados. Eso es cuestionar también, ¿no te parece?.
Mencionas el caso en el que el profesor de matemáticas huye a la respuesta de la división por cero, lo cual puede haberte dado la idea de que:
“Y cuando no se puede, adiós, sobreviene el retiro de la cuestión”
¿Has tratado de dividir por cero alguna vez? Hagamos la prueba: Tengo dos manzanas y las divido entre 0 amiguitos. Si quieres usar un término menos matemático: las “reparto” entre mis 0 amiguitos. Como es una “indeterminacion”, podriamos asignarle el valor que querramos, ¿no es asi?. Bueno hagamos la prueba. Tengo dos manzanas, y cero amiguitos. A cada amiguito le toca un bulón del micro de Bandana.
Ahora debés estar pensando “que mongoloide este tipo”. Podrías rertucarme: “¿porqué querría yo dividir por cero?” Bueno, yo te respondo: “¿porqué no?”. Si quieres tu dividir por cero, te invito a que hagas la prueba. ¿Eres feliz con 1 dividido cero = alejandra pradon?
“el problema es cuando de sus reglas válidas para su juego, se infieren implicancias filosóficas que pretenden sermonear al resto del conocimiento”
En esto coincido al menos parcialmente contigo. Pero el problema no es de la matemática… tan sólo de los zopencos que creen que pueden darle a la vida una inocente valoración binaria “malo-bueno”, “si-no”, “blanco-negro”.
La matemática ES filosofía. Filosofía con su propia semántica y gramática, con su propio corpus de estudio. Con sus propios límites, al igual que toda teoría filosófica. Por más que seas Kantiano, todas las cuestiones con la dilucidacion de la verdad se acaban cuando te pegan un tiro en la cabeza. El nihilismo nieztcheano se acaba cuando una patota te deja cuadriplejico. Acá no hay “mundo exterior” que valga. Es decir, pretender que una construccion mental modifique la continuidad vital de “lo que sucede” (also known as “REALIDAD” o, de forma más peronista, “VERDAD”), es una estupidez.
De hecho, la idea de que la matemática es SI-NO, VERDADERO-FALSO, tambien es una falacia… incluso en matemática hay sentencias que son verdaderas y falsas a la vez, como por ejemplo, “la potencia del continuo”. Gödel incluso llegó a probar que todo sistema axiomático tiene al menos una proposicion de la cual no se puede inferir un valor de verdad.
Verdaderamente, la matemática no es infalible. Es tanto como el ser humano. Brower, un matemático holandés del siglo 19, junto con Krönecker tuvieron una visión bastamente crítica del corpus establecido de la matemática, cuestionando las demostraciones de existencia puras – ambos impulsaron un nuevo concepto matemático, el Constructivismo, basandose en premisas simples. Es muy interesante, muy radical su postura. Muy combativa.
El contructivismo tuvo como pricipal detractor a David “el terrible” Hilbert, matemático francés que brilló en los primeros años del siglo 20.
Sería interesante que me respondas o que al menos sigamos discutiendo. Es un tema apasionante. Sobre los problemas filosóficos de las matemáticas hay bastantes libros. Puedo pasarte algo de data en pdf si quieres.
saludos y muy weno el blog.
m®
Es interesantísimo tu comment, ahora bien, si te identificás con tu nombre y no ponés más links a sitios pronográficos, no tengo problemasa en seguir el diálogo.
Julio
manook, tu notengo.com remitía directamente a un sitio de tracking pornográfico, por eso fue eliminado. Dudo que sea tu culpa pero lo tomo como una cartesiana demostración que ciertas veces, hasta a algún matemático como vos pueden no cerrarle del todo bien las cuentas.
Primeramente pido disculpas por lo del link a la pagina porno. Realmente no conocía el contenido.
(Además, como es de chanchadas, es para mayores de 18, ¿viste?)
Ok – resulta – está weno que las cuentas no cierren de vez en cuando -
como para alejarnos un poco de la idea de la seguridad del mundito imaginario…
acá van algunos textos bastante interesantes:
Avigad, Jeremy. “The Philosophy of Mathematics in the Twentieth Century” (2005)
Ferreiros, José. “The Crisis in the Foundation of Mathematics”, Princeton Companion in Mathematics (2004)
Van Bendegem, Jean Paul. “The Creative Growth in Mathematics” (199?)
Pueden conseguir estos PDFs en la web. No son largos, pero están en inglés. Si conocen algo de los griegos, algo de Descartes y una pizca de Kant, todo es bastante seguible. Y si no tienen nada de eso leido antes, no importa, se entiende todo bastante bien.
Y porqué no pensar para qué la racionalidad. La lógica, esa pelota difusa, completamente humana es indivisible de la racionalidad. Ya lo decía el Señor Santillana en sexto grado: “el hombre es un ser racional”. Y aunque suene a filosofía barata o a programa de Dolina, (me gustan los zapatos de goma, pero a las 12 de la noche ya escuché demasiada “tautología de 2 pesos”…) de alguna forma es asi.
Porque, con excepción del amor (¿y algunos otros sentimientos?) la razón nos atraviesa de cabo a rabo, contiene toda nuestra esfera vital: el acto de elección es un acto racional. Ir a gritar un gol de river a la popular de boca, ser estilista en un templo shaolin, o incluso dedicarse al arte, o ser contador o clarinetista. Uno, de forma más o menos explicita, elige hacer eso. Estamos atravesados por la racionalidad, y muchas veces es un bajón cuando caemos presos de la regularización que nuestros supuestos pares perpetúan como buenas costumbres: “las oraciones se empiezan con mayusculas”, “Después de un dominante hay que ir a la tónica” “Piaget dice que …” . Esa es la cagada.
Hasta Sid Vicious era racional. Era completamente consecuente con sus ideas, estés de acuerdo o no. La gente que lo tilda de irracional seguramente no lo comprendia, o creia/cree que era tan solo un adolescente enfermo o vaya a saber uno qué otra cosa. Pero ojo, Sid no era una lechuga sensibloide ni nada por el estilo. La irracionalidad aparente de Sid no era tal, porque él decidía: salir a la calle con una remera estampada con una esvástica, tomarse la guita del mes en una noche, mear desde el escenario al público. Esa es la cuestión. La decisión está ligada a la razón, de forma biunívoca.
che está re weno esto del blog. sigan que está weno, estuve leyendo y hay textos realmente muy interesantes.
Llamemos U a el conjunto de todas las cosas. Sea A un subconjunto de U.
definamoslo así:
“A es el conjunto de todas las cosas de U que no pertenecen a A”
Nuestro amigo Bertrand Rusell, hace aproximadamente un siglo estuvo un tanto divertido con estas cosas… chequeen la “paradoja del barbero”
(Si todos en el pueblo se cortan el pelo en lo del peluquero, ¿con quien se corta el pelo el peluquero del pueblo?)
saludos
manook®
pd: che perdon por postear dos veces la vez anterior, es que hubo un error en el navegador.
pd2: mi nombre es MAIKOL YAXON (como si tuviese alguna relevancia…)
pd3: para citar a uno de los más auténticos cineastas americanos todavía vivos “Me encanta hacer cosas incomprensibles” (David Lynch)