Durante 1956, Burroughs se había vuelto adicto a una sustancia sintética difícil de adquirir. Los síntomas de la adicción eran preocupantes: “Anoche me desperté con alguien que me apretaba la mano. Era mi otra mano.”

Merced a una metamorfosis extraña, una mano se ha llenado de “otro”, se ha orientado según una nueva naturaleza ajena. Escindido percibo: un lado sensitivo y un lado no-sensitivo, un lado “visible” y un lado “invisible”.

Burroughs, en su novela experimental Nova Express, escribe: “El método más efectivo de supresión de los sentidos es la cuba de inmersión en la que el sujeto flota en agua a la temperatura de la sangre, suprimidos sonido y luz – enseguida se produce pérdida del contorno del cuerpo, conciencia y ubicación de los miembros, originándose el pánico en muchos sujetos norteamericanos – Los sujetos declaran muy frecuentemente que sienten, durante la primera parte, que otro cuerpo flota medio dentro y medio fuera del cuerpo – Experimentos de supresión de los sentidos utilizando cubas de inmersión han sido realizados en Florida por el doctor Lilly – Existe otra estación experimental en Oklahoma – Tras unos quince minutos en la cuba los marines gritan que están perdiendo el contorno del cuerpo y tienen que ser sacados – Metan a dos marines en la cuba y a ver cuál sale – Ciencia – Pura ciencia – Metan a un marine y a su novia en la cuba y verán quién o qué emerge –”

La no-sensitividad produce, en primer lugar, una deriva de la percepción que no encuentra asidero. Es una emisión radiante de los sentidos que, al no retroalimentarse, se dispersan, confunden sus trayectorias. El límite en la piel comienza a tremolar, se pierde el contorno, no se sabe cuando se es uno mismo y cuando se es otro. Se siente “durante la primera parte, que otro cuerpo flota medio dentro y medio fuera del cuerpo”. Ese cono de sombra, hace emerger “lo otro”, realiza una disolución progresiva que podría dar las combinaciones metabólicas más extrañas. Esa deriva debe ser controlada, tiene que tener capacidad de retorno, si no la forma se ha licuado de tal manera, que se torna incomunicable. Es lo que lleva a Burroughs a decir: “He ido así de lejos en algunos experimentos concretos y luego he retrocedido (…). Si uno va demasiado lejos en una dirección, lo que ocurre es que ya no vuelve y se queda allí en perfecto aislamiento.”

La invisibilidad, se torna para Burroughs, tanto en su obra como en su vida uno de las mejores armas para la defensa y el asalto. Encontrar ese espacio, ese ámbito metabólico diferente, al cual la percepción del ojo armado es ciega. En El Almuerzo desnudo, caracteriza así, la invisibilidad de su alter-ego: “Lee vivía ahora en grados de transparencia variables… No era exactamente invisible, sino más bien, difícil de ver. Su presencia apenas atraía la atención… La gente lo ocultaba como un proyecto o lo desechaba como un reflejo, una sombra: “Algún juego de luces o un anuncio de neón.””.

Iain Finlayson, en su biografía, refiere que: “Burroughs comenzó a practicar una técnica de invisibilidad tal que hacía que Bowles se muriese de envidia. Lo hizo tan bien que empezó a conocérsele como “El hombre invisible”. El truco estaba en ver a la gente antes de que te vieran, y llegó a tal grado de perfección que incluso burlaba a los ubicuos niños guía que ocupaban la ciudad. Burroughs habitó con tanta tenacidad esa frontera entre el sueño y la realidad que su modo de invisibilidad, tal vez, llegó a provocar más interés que su apariencia normal. Es seguro que interesó a Isabelle Gérofi, cuando Burroughs acertaba a entrar desde el bulevar a la Librairie des Colonnes. Ella ha descrito cómo solía aparecer en la pequeña librería, llevando un abrigo asqueroso, mirando a su alrededor, sin decir nada y sin comprar nada, semejando un fantasma delgado y pálido. Este semblante de espectro sin duda se hacía más siniestro gracias al habitual traje gris –como los de la Cía- de Burroughs, la corbata exigua y las sombras.”

Burroughs, provoca la apertura de ese espacio donde escurrirse con eficacia: hay que tener un control previo sobre la percepción del otro, “ver a la gente antes de que te vieran”. Ante la imposibilidad de tener una substancia que permita la irreflexión de la luz una vez ingerida, Burroughs opta por la manipulación de la visibilidad. Invirtiendo una famosa cita principesca, se podría decir: “lo invisible es esencial a los ojos”.

 

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