Verano Cero
Posted by Miguel P. Soler on June 16th, 2006 filed in ScientificaEs en la idea de germen donde se concentra todo lo que significa potencialidad. Y el Tiempo Futuro, es el tiempo de los instantes posibles.
Gaston Bachelard en la Intuición del Instante, cita un pensamiento de Koiré: “La idea del germen, es en efecto un mysterium. Ella concentra, por decirlo así, lo que él mismo no es. Es ya lo que aún no es, solamente lo que será. Es, puesto que de otro modo no podría serlo. No es, puesto que de otro modo ¿cómo llegaría a serlo? El germen es, a la vez, la materia que evoluciona y la potencia que lo hace evolucionar. El germen actúa sobre sí mismo. Es una causa sui: si no la de su ser, al menos la de su desarrollo.” Todos los instantes próximos, a los cuales con renovado ímpetu tendemos, son múltiples y posibles. De alguna manera, prevemos nuestros actos futuros, porque nos sostiene una confianza en la mecánica de los hábitos. La Ciencia desarrolla toda una mecánica de las probabilidades.
Pero en tanto todo instante es posible, a nuestro salto al próximo momento, descubriremos una infinidad de instantes equipotenciales para elegir. Todos los que no sean elegidos, serán como juguetes abandonados, pero llenos de potencialidad y posibilidad. Estas reflexiones que vengo desarrollando, se derivan de la lectura de los poemas que componen Four Quartets de T. S. Eliot, y específicamente surgen de estos versos:
Es primavera, pero no la que rige el tiempo.
Ahora el seto florece durante una hora
Con flor de nieve pasajera, flor
Más súbita que la del verano, sin capullo,
Sin ajarse, ajena a los ciclos de generación.
¿Dónde está el verano, el inconcebible
verano cero?
Es así, como en pleno otoño, es posible que germine un tiempo extraído de la primavera. Como una semilla que, con tan sólo pensarla, despliega la robustez de un árbol; ya que la semilla, en su existencia, lo invoca (en ausencia y como posibilidad futura) y es, un árbol contenido.
De igual manera que un plano se define como un cubo de espesor nulo, el Zero Summer (Verano Cero) es un verano vaciado (el verano como pura intencionalidad.) Transfiguradas las estaciones en semillas, existiría la posibilidad de ser desplegadas en cualquier punto del Tiempo.
Es posible entonces que, bajo nuestra mirada, el momento futuro se despliegue como una flor. Tendría las mismas propiedades que Roland Barthes observa en los Nombres proustianos (y que también, caracterizan a los momentos pasados: los nombres-alfiler.) Varias escenas se hallan contenidas en cada capullo, prontas a desplegarse según lo exija nuestra mirada. Podemos ser todos los hombres, y de alguna manera, como gérmenes de la especie, somos todos los hombres (y ninguno.)
¿Qué hace el Noviembre tardío
con el revuelo de la primavera
y con las criaturas del estío,
las campanillas blancas
aplastadas por los pies, la altanera
malva, roja, gris y caída al fin, coronado el rosal tardío
de nieve prematura?
La muerte es un instante absoluto; todos nuestros actos, en la medida que se formulan, aspiran al silencio. ¿Cómo imaginar el último instante, el pensamiento que cierre el último suspiro?
La muerte es un límite inhabitable: como la línea que divide el agua el aceite. Es como la piel y el aire: son diferencias que se arriman infinitesimalmente, que en el límite se igualan: la piel es aire del mundo, el exterior es interior.
De igual manera, cada instante de la vida, se proyecta (como un film que atraviesa la densidad del aire de la sala) sobre la Muerte. Y ésta lo dignifica con la envestidura de lo efímero.
Coexisten (en ese límite indicernible) ambos momentos: uno, en el que estoy escribiendo en este escrito; otro, en el que estoy agonizante, por morir. Vivo mi instante y vivo mi muerte, que es inmanente a todos mis actos, que los condiciona, los transfigura y embellece.
Posdata Oportunista:
Disculpas al eufórico lector, ya que tal vez esperó leer un post acerca del 6-0 de Argentina vs. Serbia y Montenegro, y se topó con este Verano 0 (que más bien nos remite a esa canción de Soda Estéreo: Primavera Cero, título que seguramente le inspiraron a Cerati esas líneas de T. S. Eliot.)
Pero la posta, es que me la paso viendo partidos, y escribir sobre eso, es menos estimulante para mí. Sin embargo, por TV, tendrán la posibilidad de disfrutar del partido con más provecho, y sino, los remito al blog Crónicas Germanas donde encontrarán esos post que hoy no puedo escribir y otros escriben mejor.
Y que a un post pedantesco sobre Poesía le suceda una alegra posdata sobre fútbol es sólo una cuestión de perspectivas: siempre pensé que podía haber mucha poesía en el fútbol (épica, dramática, lírica), pero en dosis mínimas y fragmentarias: haikus y nonsense. Sin embargo, por su contrapartida, es decir, cuando veo fútbol en la poesía, es porque tiendo a percibir más bien las magulladuras, los efectos de dopping, los fouls más dolorosos, y las faltas más simuladas y sobreactuadas.
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