Nabokov y la lectura bifocal

Posted by Miguel P. Soler on November 24th, 2006 filed in Artificialia

Una cita que viene bellamente a ilustrar lo que pretendo poner en escena (una forma de leer bidimencional o, más bien dicho: bifocal), proviene de un cuento de la serie rusa de Vladimir Nabokov:

“En otra pared había un capítulo enmarcado de Anna Karenina, configurado de tal manera que el juego de letras oscuras y claras, junto con la ingeniosa colocación de las líneas componía el rostro de Tolstoi”

Este objeto, nos permite dos operaciones que hacen a la unidad de un sortilegio: la lectura de un mundo contiguo en la atonalidad de las letras impresas, más allá de sus acentos tinturados; y la visión de una figura, donde la letra es trazo y no signo. Como en los cuadros de Dalí donde figuras volumétricas configuran, según la distancia del espectador, un rostro en superficie. El objeto necesita un click en el espectador para cambiar de una posición a otra su percepción; una disyunción, ya que, como los flamencos, no puede sostenerse en dos patas al mismo tiempo, sino alternativamente en una u otra.

Es este juego por el cual, el fruto Quilty, “el escritor asesinado”, la identidad del raptor de Lolita, cae maduro ante nuestros ojos relectores. Observemos como se mimetiza las Solución en el Acertijo y cómo, una flecha más abajo, Nabokov señala el lugar donde encontrar el disyuntor.

En el capítulo 19 de la Segunda Parte de Lolita, Humbert Humbert intercepta una carta enviada a Lolita por su mejor amiga. Obviamente, la chica sabe que la carta pasará ante los inquisitivos ojos de H.H., al igual que Nabokov sabe que ésta pasará ante los nuestros.

“Como era de esperar, el pobre Poeta tropezó en la escena III, al llegar a esa jeringoza en francés. ¿Recuerdas? Ne manque pas de dire à ton amant, Chimène, comme le lac est beau, car il faut qu´il t´y mène. ¡Vaya con la cosa! Qu´il t´y… ¡Qué trabalenguas! Bueno, pórtate bien, Lolita. Cariños de tu Poeta, y recuerdos al gobernador. Tu Mona.” (El subrayado es mío).

El Lector pasa por esta página, así como pasa Humbert Humbert: absolutamente de largo. Si bien “Quilty” está maravillosamente dibujado sobre la carta, las palabras en francés y su significar lo albergan en su fondo mimetizante. Más abajo, el mismo H.H., presenta la carta ante el lector a título de documento, y señala: “La he leído dos veces”. Éste es el interruptor: la relectura. Sólo este volver, esta flecha ante las mismas narices del lector, permite desmimetizar ese nombre, esa indentidad que se resguarda a largo de toda la novela. “Quilty” emerge en cuanto, desde una mirada enfocada en la escena, se realiza un ajuste hasta enfocar la mirada en la piel del texto. La primera mirada traduce ese cúmulo de sentidos significados que hacen a la atmósfera narrativa de la escena. La segunda mirada desmimetiza esa identidad que se resguarda en al ámbito superficial del texto.

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