Cielo
Posted by Miguel P. Soler on September 29th, 2006 filed in ArtificialiaEntró casi trastabillando en su fatiga, de un empujón, cerrándose a sus espaldas la pesada puerta de hierro. Un voz enferma e irritante le suplicó: “¡Bendíceme, dame el Cielo!” Con sorpresa observó la roñosa piltrafa que lloriqueaba: un prisionero con quién tendría que pasar la noche. “¡Bendíceme, dame el Cielo! ¡Te lo ruego!”
Su celda era celeste, aún bajo la luz exigua, y unas cuantas nubes blancas algodonadas habían sido pintadas en distintas zonas de las cuatro paredes ciegas. Con incredulidad, advirtió en un rincón, una selva pintada en facetados verdes: un león amarrillo y furioso acechaba en su espesura, delineado en ese estilo ingenuo que haría famoso al aduanero.
“¡Bendíceme, dame el Cielo, te lo suplico!” En la intersección de los tres planos del calabozo, le pareció ver un ojo radiante, gravitando como un sol plano.
Sin duda era la celda más bella, pero también la más cruel y dañina que había visto hasta entonces.
Era claro que el Cielo no estaba allí.
(Durante la noche, resonaba el rugido de una bestia. La imagen del rincón cobraba nueva significación y magia.
La piltrafa temblaba y se alejaba de ella, como ante un monstruo en continua construcción.)
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