Un caso de alucinación subjetiva

Posted by Guillermo Piro on March 28th, 2007 filed in Artificialia

Cierto Sr. A. había perdido el ojo izquierdo de resultas de una operación a que fue sometido como consecuencia de un glaucoma, y la visión de su ojo derecho era defectuosa a causa de una especie de nube que oscurecía la zona media de su campo visual. Aparte de esto, el Sr. A. era una persona completamente normal.

En abril de 1982, mientras paseaba por un camino campestre, el Sr. A. vio a su izquierda una pared nueva que brillaba iluminada por el sol, y hasta la vio perfectamente, con gran asombro de su parte. Podía distinguir cada una de las piedras y las junturas de argamasa que las enmarcaban, las superficies lisas de los cantos rodados pulidos por la acción del agua y la contextura de las piedras que, a fin de formar caras planas, habían sido quebradas. En particular le llamó la atención la frecuencia con que el constructor había recurrido a las piedras de granito, en las que podía distinguir con toda claridad la hornablenda, el feldespato, la mica y el cuarzo. Se detuvo a pensar que jamás había sido capaz de distinguir tan minuciosamente una pared al pasar junto a ella.
Alrededor de un año más tarde pudo ver, tan claramente como jamás le había sido dado antes, la figura de una mujer que caminaba delante, y tan cerca de él, que debía cuidarse para no pisar su largo vestido. El vestido era de tela roja, con franjas de color blanco (una franja ancha, con dos líneas muy tenues a ambos lados) que se cruzaban entre sí a intervalos frecuentes, como en un tartán. El Sr. A. advirtió que la figura era una alucinación sólo cuando el compañero que paseaba con él le dijo que allí no había nadie. Al cruzar hacia la vereda sombreada de la calle el Sr. A. siguió viendo la figura. Estas alucinaciones parecían ocupar el campo visual de su ojo izquierdo, que era el que había perdido.

Partiendo de la base que las alucinaciones son representaciones de ideas, es natural preguntar qué idea está detrás de las producciones escénicas del Sr. A. Lo primero que llama la atención es que sus visiones eran fortuitas y carentes de significado o finalidad. Parecen haber tenido como objetivo principal la representación de aspectos y colores vívidos. Posiblemente algún aspecto de la personalidad del Sr. A. trataba de completar o compensar las deficiencias de su visión normal.

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