Soy librero

Posted by Guillermo Piro on June 28th, 2005 filed in Naturalia

Los libreros sufren del mismo mal de los alcohólicos: nunca dejan de serlo. Esto no quiere decir que se nazca, más simplemente quiere decir que quien fue librero de profesión lo seguirá siendo en todos los instantes de su vida. Esto implica una corta serie de fobias. En primer lugar, el librero le tiene fobia a las preguntas, a todo lo que venga pronunciado con un signo de interrogación en cada punta. En segundo lugar detesta el desorden (de los libros, se entiende), lo que lo lleva, aún muchos años después de haber abandonado los hábitos, a acomodar los libros de las mesas de las librerías que visita por primera vez en su vida y en las que es probable que nunca más vuelva a poner pie. En tercer lugar tiene cierta fascinación por la certeza, y se mete en discusiones interminables acerca de si un libro determinado, por ejemplo, tuvo o no una edición anterior a la conocida.

Ahora bien, hay una larga serie de mitos de aceptación general que se sobrellevan con dignidad por la misma razón que se sobrellevan tantas cosas: para darle un sentido a la existencia. De ahí que mucha gente crea y afirme que tiene “un librero de confianza”, dando por sentado que fue ella quien eligió a su librero, que es él que depositó su confianza. Error. Es el librero quien elige a aquel sobre quien depositará su sabiduría libresca. Valga esta resurrección de una figura casi perdida para recordar y homenajear a los pocos libreros que quedan por estos lares, que pueden contarse con los dedos de una mano. Como tantos oficios el de librero fue víctima también de la pauperización de la clase trabajadora. Lo cual tiene mucho sentido: si un barman no sabe preparar un Negroni, no entendemos por qué un librero, a la pregunta “¿Tiene Eureka, de Poe?”, tipearía en su computadora otra cosa que no fuera: “Pou, Pedro”.


11 Responses to “Soy librero”

  1. Mauricio Says:

    Sólo para felicitarlos. Bonito e interesante blog. Todos escriben muy bien.

  2. Daniel.- Says:

    Me engancho con lo tangencial Guillermo. No sólo la pauperización de la clase trabajadora cagó el oficio de librero, también la computadora. Antes, trabajar en una librería no era para cualquiera, había que tener un contacto con la materia (es decir que te gustara leer porque caso contrario se volvía imposible) y una enorme capacidad de memoria y para la deducción. No sólo se trataba de recordar autores, libros y ediciones también había que tener claro donde estaban, reconstruir el camino que había recorrido para poder dar con ese único ejemplar que siempre te traían del depósito. Ahora basta una base de datos. Fijate que las librerías modernas ponen a disposición del público (eso somos, ya no lectores) una computadora para que sea uno mismo quien consulta el catálogo y el stock. Las mismas librerías que se volvieron franquicias y ya no necesitan formar libreros, necesitan formar empleados comunes y silvestres, para nada distintos de los que trabajan en un Blockbuster. Funcionales y expeditivos. Para conocer a un librero, librero de los nuestros, tenés que irte a una feria de usados, ahí donde un artesano en un puestito se está cagando de frío o a una librería de incunables. Ellos son los únicos que conocen todo lo que venden. El oficio de librero, como tantos otros oficios, se terminó transformando en una artesanía, algo al margen de todo valor económico.

  3. Genovese Says:

    Agradezco, en nombre de Kaputt, la apreciación de Mauricio. Esperamos continuar escribiendo y mejorando. Un abrazo.

  4. Genovese Says:

    A mi me gusta entrar a la librería y buscar, revolver, que nadie me pregunte o diga algo. Cuando la librería era realmente buena, en la primera hoja, en lápiz muy tenue, estaba escrito el precio en un código ilegible. De esa manera se entablaba la primera relación con el vendedor. Que cobraba y envolvía en papel, con suma prolijidad, la obra adquirida.
    Hoy, el código de barras y la bolsita de plástico me hacen sentir un comprador compulsivo de supermercado: el 90% de lo que lleva no lo necesita ni le sirve. Es un acto vulgar, sin magia ni misterio, sin la emoción del hallazgo intelectual. Hoy quedan tendidas dos víctimas a la vez, el libro y uno, el lector depreciado.

  5. pez-naufrago Says:

    Cito:

    Es el librero quien elige a aquel sobre quien depositará su sabiduría libresca

    Con todo respeto Piro que falacia, es el librero el que depositara sus ojos sobre la elegida para proceder luego a babearse y luego, solo luego, dar paso a la sabiduria libresca. Ya se sabe el librero tiene fama de baboso, y hasta fue nota en Radar….

    Si escribis cortito, te leo.

  6. guillermo Says:

    yo no conozco libreros babosos, pero si lo dijeron en radar, no importa quién lo haya dicho, debe ser cierto.

  7. Beatriz Vignoli Says:

    Es poesía o erotomanía sentirnos elegidos por aquello que elegimos, sospechar la mágica correspondencia de una intención para no quedarnos solos con nuestro deseo, cuyo objeto bien puede ser sabiduría o un libro. ¿Nunca te pareció por un instante que las ramas de un hermoso árbol invernal, movidas por el viento, te hacían señas? ¿O que un autor te escribía a vos? La ninfa eco, le decían los antiguos a esa sensación de creer oír una respuesta a la propia voz, surgida desde el bosque. O desde una librería, donde todos esos árboles muertos que son las hojas de los libros parece que quisieran hablarnos. O no, porque también hay libros que nacen muertos. Lo que dice Guillermo viene más por el lado de la poesía que por el de la erotomanía. Un librero como los que describe Daniel bien puede permitirse ser un caballero en todo sentido: jamás hará de una mujer un objeto, y se siente depositario de una tradición, literaria en este caso, que da sentido a la vida al hacerla formar parte de algo más amplio y antiguo, y con un futuro.

  8. Beatriz Vignoli Says:

    Ah, Mauricio, muy bueno tu blog, en escritura e información.
    Me alegro por el premio a Lorrie Moore. Ya guardé la página con la entrevista a ella a la que enlazás, para leerla offline.

  9. pez-naugrago Says:

    Esta bien Vignoli, prometo no lastimar mas tus sentimientos.

  10. Beatriz Vignoli Says:

    No se trata de mis sentimientos, ni creo que estés lastimando a nadie; simplemente a un tipo que está diciendo que al sentido de la vida se lo dan los libros, es un poco desubicado salirle al cruce con un lugar común que no tiene nada que ver.

  11. werte Says:

    Uh, qué tema. Daniel me salva de tirar un post chorizo. Agregaría la importancia de los libreros para los que tienen una educación de autodidacta. Un buen librero lo salva de leer demasiadas porquerías, papers de ocasión burocrática, y cosas así.
    Y también que hay libreros que son verdaderos personajes. Por ejemplo, los que se mueven en esa zona neblinosa de la compra venta de colecciones privadas suelen tener comportamientos casi mafiosos (y pienso en un ex estudiante de letras concreto que también tenía varios puestos en parque Rivadavia). Y un ex tupamaro, cínico, medio paranoico, bondadoso y hospitalario, que siempre estaba tostado por el sol, porque tenía un pequeño puesto frente a la facultad de medicina, sobre avenida Córdoba, donde conseguí algunas cosas notables.