Mentiras animales
Posted by Guillermo Piro on December 19th, 2006 filed in ScientificaLos animales también dicen mentiras: la rana pescadora atrae a los peces de los que se alimenta con una carnada —una pequeña y frágil “caña de pescar” constituida por una continuación al exterior de su espina dorsal, en cuyo extremo se mueve un corpúsculo carnoso similar a una lombriz—; una serpiente norteamericana —la Heterodon nasicus— es capaz de verdaderas puestas en escena: si se encuentra frente a un depredador, se inmoviliza con la boca abierta y la abertura intestinal extrusa, cuyo color se parece mucho al de la carne muerta —el fenómeno, llamado tanatosis, tiene como fin evitar ser comido, ya que muchos animales no se alimentan de presas muertas—; hay pájaros —el alcaudón amazónico de alas blancas— que emiten señales de alarma no para señalar un peligro sino para engañar, zorros y coyotes fingen que están muertos y, cuando la presa —por lo general cuervos y urracas— se acerca, de un salto la capturan. El catálogo de las mentiras de los animales, individualizadas gracias a una experimentación y una observación que lleva años, es largo.
Si bien en comparación con el universo de las mentiras humanas (más rico y diversificado) el de las mentiras animales es más precario y unidireccional, no por eso deja de ser menos sorprendente corroborar que, efectivamente, la oferta de mentiras es extraordinaria.
Para que un animal mienta, fuera de toda instrucción genética, es necesario que perciba, con la experiencia, cuál es el efecto de su comportamiento en los otros. Indudablemente son los primates los más hábiles a la hora de inventar sofisticadas mentiras, demostrando toda la flexibilidad, complejidad y variedad de engaños que les está permitida por sus desarrolladas capacidades cognitivas. El etnólogo berlinés Alfred Schmidt observó en cierta ocasión, mientras observaba y tomaba nota del comportamiento de un grupo de babuinos en las selvas del Sudán, que un pequeño, habiendo descubierto que una hembra había encontrado una rica fuente de alimento, para alejarla y aprovechar él mismo del hallazgo se había puesto a aullar como si la hembra lo estuviese maltratando, llamando así a su propia madre, que en cuanto apareció alejó a la hembra.
No hay duda, sin embargo, acerca de que el mentiroso más ingenioso es el ser humano. Las mentiras, para nosotros, hasta son signo de buena educación. En cualquier caso, lo que es exclusivamente humana es la capacidad de autoengaño. Efectivamente, a veces las mentiras nos las contamos a nosotros mismos, y lo que es peor, creemos en ellas. Los psicólogos sostienen que el autoengaño es un mecanismo “saludable”. Por eso no es raro que imaginemos justificaciones para nuestros propios fracasos. Además es un mecanismo útil porque, si ya nos hemos mentido a nosotros mismos, pareceremos sinceros y creíbles a la hora de mentirles a los demás. Los vendedores, muchas veces sin saberlo, ejercen la autoconvicción sobre la buena calidad de sus productos.
Muchos asistentes de vuelo, sin ir más lejos, a la hora de tener que mostrarse educados con un pasajero insoportable, buscan de convencerse a sí mismos de que se trata de una persona simpática.
January 1st, 2007 at 6:40 pm
La referencia es demasiado conocida, pero no puedo resistir la tentación de sugerirla igual, aunque más no sea porque el texto es rico y potente: Nietzsche, “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”.