Mediciones barométricas

Posted by Guillermo Piro on January 31st, 2006 filed in Artificialia

En una universidad un profesor tomaba un examen de física. No se trataba exactamente de un examen, sino de una pregunta simple, a la que había que responder simplemente.

La pregunta que hacía el profesor era la siguiente: “¿Cómo mediría la altura de un edificio si sólo dispone de un barómetro?”

Un alumno escribió rápidamente la respuesta y se la entregó al profesor. La respuesta que el profesor esperaba era la más obvia, es decir, medir la presión atmosférica en la terraza del edificio, medirla en la planta baja, y por medio de una fórmula preestablecida deducir la altura del edificio. Pero el alumno dio otra respuesta, y según el profesor esa respuesta era errónea.

El alumno había escrito que para medir la altura del edificio lo que hacía era atar una soga al barómetro; luego, desde la terraza del edificio, bajaba el barómetro hasta el suelo, hacía una marca, volvía a subir el barómetro y finalmente medía la longitud de la soga.

Pero el profesor no estaba satisfecho. Se desencadenó entonces una pelea entre el profesor y el alumno. Como no conseguían ponerse de acuerdo llamaron a un segundo profesor para que hiciera de mediador. Este profesor llevó al alumno a un aula vacía, le repitió la pregunta, y le pidió que volviera a contestarla. “Le doy diez minutos para hacerlo”, le dijo.

Esta vez el alumno se detuvo a pensar un poco. Se quedó quieto, mirando el vacío, pensando, chupando la punta del bolígrafo. El profesor empezaba a inquietarse. En determinado momento miró el reloj y le recordó que sólo le quedaban dos minutos. “Estoy tratando de decidirme entre varias respuestas posibles”, respondió el alumno. Y a último momento garabateó una frase y se la entregó al profesor. El profesor leyó lo siguiente: “Bajando por la escalera del edificio marco en la pared, con lápiz, ‘unidades barómetro’. Al llegar a la planta baja cuento las unidades marcadas, mido la altura del barómetro, multiplico y obtengo la altura del edificio.”

El profesor se dio cuenta de que el muchacho sabía cuál era la respuesta que se esperaba de él, y supuso que la sabía, pero que se negaba a darla. Pero entonces le preguntó cuáles eran las otras respuestas que estaba meditando.

—Bueno —dijo el alumno— eran varias. Una consistía en arrojar el barómetro desde la terraza y en ese momento activar un cronómetro. Cuando el barómetro se estrellaba contra el piso detenía el cronómetro y con una simple fórmula podía deducir la altura del edificio.

—¿Cuál era la otra respuesta?, le preguntó el profesor. Y el muchacho respondió:

—Era la más tentadora. Consistía en ir a golpearle la puerta al portero del edificio, esperar a que atendiera y cuando aparecía decirle “Estimado señor, si usted me dice qué altura tiene este edificio le regalo este lindo barómetro”.


5 Responses to “Mediciones barométricas”

  1. acteon Says:

    Esto me parece haberlo leído antes. . . ¿un deja vú o la reconfiguración en el programa Matrix? Creo que fue vía mail, pero también en formato libro.

    Me recuerda un poco a las leyendas urbanas: estructuralmente son parecidas. Recuerdo también esa anécdota de circulación mailística en la universidad, y que pienso que muchos de uds. leyó: la de la termodinámica y el Infierno. Una vez la leí en versión brasileña, es decir, el alumno era brasileño. Al año me llegó en versión norteamericana, y supongo que circularán otras.

    Es sorprendente, el poder de circulación (vía cadenas) y las increíbles posibilidades de reactualización que tiene. Una especie de género mutable y persistente, gracias a su forma popular (”con mensaje”, “para reflexionar”, su carácter ejemplar) y al medio multiplicador de su difusión (ese bruñido de lo verosímil que da el medio electrónico), podría dar lugar a un subgénero de literatura popular.

    Nunca pude rastrear la fuente de esa anécdota que “recontás”, aunque viene justo para algún libro didáctico de Física 1.

    Por otro lado, y concatenado. ¿Alguien conoce la adaptación maravillosa de la historia de Cenicienta que aparece en las 1001 Noches? Esas transpolaciones son fascinantes, aún más cuando el medio de difusión involucra añares, murallas culturales e idiomáticas, verstas, millas y kilómetros; pero la historia, el núcleo germinativo de la historia, viaja como un virus latente y poderoso.

    ¡Salutte, Kaputt!

  2. nose Says:

    El segundo profesor y el alumno fueron, ambos, premios Nobel de Física. Y la historia, efectivamente, circuló por mail hace algunos años.

  3. nose Says:

    http://www.landsil.com/Fisica/maneras.htm
    para rastrear la fuente

  4. Genovese Says:

    Profesor: Alumna, si contesta bien la siguiente pregunta, aprueba el examen. ¿El sonido atraviesa los sólidos?
    Alumna: No, para nada.
    Profesor: ¿Está segura?
    Alumna: Completamente.
    Profesor: Bien. Hagamos un pequeño experimento. ¿Ve la pesada y sólida puerta de entrada al aula en que nos encontramos?
    Alumna: Sí.
    Profesor: Diríjase hacia ella, tome el picaporte, ábrala, ubíquese del lado del pasillo, ciérrela y espere tras la puerta.
    Alumna: Bueno.
    …..
    Profesor: ¿Me escucha?
    Alumna: Siiiiií.
    Profesor: ¿Claramente?
    Alumna: Siiiií.
    Profesor: Tiene un cero.

  5. acteon Says:

    Ja, ja, ja.
    Excelente Omar. Esperaba algo impúdico al final, pero salió redondo.