El auténtico hijo del rey
Posted by Guillermo Piro on April 25th, 2006 filed in ArtificialiaEn otros tiempos, cuando Europa estaba formada por diferentes reinos más o menos grandes, era una práctica frecuente que una pareja real que no podía tener descendencia comprara el hijo recién nacido a unos pobres campesinos para adoptarlo y criarlo según reales preceptos. Esto se solía hacer silenciando a los padres amenazándolos con la pena de muerte, porque nadie debía saber que el sucesor del trono no era legítimo.
El hijo de un minero fue intercambiado intencionalmente por su nodriza porque el rey deseaba tener un hijo rubio y la reina había dado a luz un hijo morocho. La reina y la mujer del minero habían muerto en el parto y el padre del niño rubio estaba tan apenado por la muerte de su mujer que ni siquiera había mirado a su hijo. Así que tan sólo el rey y la nodriza estaban al tanto del intercambio. Para evitar que la nodriza hablara el rey la hizo ejecutar. Los dos niños crecieron recibiendo ambos una buena, aunque naturalmente muy diferente, educación.
Después de más o menos veinticinco años el hijo ilegítimo del rey, que ahora, después de la muerte de su padre, ocupaba el trono, decidió dar una fiesta. A esta fiesta fue invitada también la familia de un farmacéutico de la localidad. El auténtico pero intercambiado hijo del rey trabajaba para esta familia como cochero y sirviente. Como casi pertenecía a la familia se le vistió adecuadamente y se le permitió participar de la fiesta acompañando a los señores. El rey, que había hablado con varias de las damas presentes, acababa de fijarse en una particularmente bella. El auténtico hijo del rey pidió un baile precisamente a esta dama en el mismo momento en que el rey se disponía a hacerlo. El rey se enojó con el cochero por atreverse a querer adelantarse a él, el rey, en la elección de una pareja para el baile. El auténtico hijo del rey reaccionó de acuerdo con su educación, pidiendo disculpas y abandonando la fiesta inmediatamente. Y bajo la luz de la luna descubrió toda la verdad al ver que sus lágrimas eran reales.