Coleccionar atormenta

Posted by Guillermo Piro on October 31st, 2006 filed in Artificialia

Coleccionar es una pasión que más que dar tranquilidad atormenta. En ese punto se parece mucho a ese estado fanático, entre hipnótico y místico, que se llama “enamoramiento”. El coleccionista, alcanzado un cierto grado de compromiso con aquello que acapara, no ve otra cosa que “aquello”, no espera otra cosa que toparse con “aquello” y tiñe “aquello”, aún contra su voluntad, de propiedades y perfecciones que ningún otro logra ver. El coleccionista, así como el enamorado, “cristaliza”, es decir, recubre de diamantes (en cuyo centro, escondido, descansa un corazón de carbón) la rama seca de un abeto que jamás ha florecido, la bijouterie más barata, el tosco y a la vez hermoso cuadrante de un reloj ruso (lo feo puede ser bello, lo lindo jamás, decía Van Gogh). Es por eso que los grandes amantes de la historia (y aquí no debería pensarse en los que han gastado el tiempo de su vida corriendo de cama en cama, cosa que, bien o mal, ha hecho cualquier imbécil en algún momento de su vida, sino en los que han amado contra su voluntad y aún sin saberlo) han sido a la vez grandes coleccionistas. El mismo amor se confunde en el vicio del coleccionista; la historia de la sexualidad está llena de esos ejemplos. Al igual que el coleccionista el enamorado tamiza la realidad con esa lamelle que es el objeto preferido de su interés, y lo ve y lo reconoce en todos lados, sin parar, todo el tiempo. El estupor y la lucidez se alternan, el descubrimiento y la confusión también, la pasión y la acción. La colección, si algo exige, es entusiasmo y obstinación, pero también una cierta dosis de reserva: al que se entrega a ese trabajo se lo ve atrincherado, protegido, y sin embargo está arriesgando continuamente todo lo que sabe y todo lo que tiene, corriendo el peligro de desordenar todo lo que ha acumulado, que todo aquello por lo que se ha desvivido en acumular de un momento a otro pierda sentido, se disuelva en la nada, pase a ser simple mercancía descartable, sin ningún posible sentido que les de uniformidad, valor, peso. Así conviven el fondo y la figura, el deseo de hallar algo nuevo y, al mismo tiempo, una cierta satisfacción disfrazada de fastidio cuando lo nuevo no aparece. La colección lo expone a esforzar notablemente su mirada, ese mal al que se llama tener la vista cansada, expresión con la que se intenta retratar disfrazada una tristeza enigmática e inevitable: la de pensar que algo, cualquier cosa, pueda en cualquier momento apartarlo de su obsesión para siempre, aquello que en otro campo se ha dado en llamar “afanisis”, es decir, el miedo a ser privado para siempre del deseo. Ahora bien: esa desconsolada melancolía del estudioso (al igual que la del enamorado) sabe mucho de la esterilidad, pero también de la estupidez. Entonces la etimología del término latino studium se vuelve transparente y comprensible. Su origen se remonta a la raíz st que indica el choque, el shock. Estudiar y estar permanentemente asombrado son, o deberían ser, en ese sentido, parientes: aquel que estudia se encuentra en las mismas condiciones de aquel que ha recibido un golpe y permanece estupefacto frente al que lo ha golpeado, pero al mismo tiempo totalmente impotente para golpearlo a su vez o alejarse corriendo de él. Por lo tanto el estudioso es al mismo tiempo un estúpido, es decir, un enamorado.


2 Responses to “Coleccionar atormenta”

  1. pequeña padawan Says:

    qué estupenda descripción. así somos…

  2. monica sallán mur Says:

    Bello,tu texto.En mi afán de relectora aparece la atmósfera de El amante del Volcán,Susan Sontag,como un ave de fuego que todo lo envuelve.

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