Rumbos
Posted by Paula Pampín on February 24th, 2007 filed in NaturaliaSiempre, en las películas románticas, hay un instante en que alguien se baja de algún medio en el que está partiendo. Puede ser un tren, un micro, un avión, un auto. No importa cuál de ellos. Invariablemente es cerca del final cuando esto ocurre.
Pero antes de que esto suceda, hay un amante que ruega al otro que no parta. Se miran, se dicen teamos. O no hay palabras sino miradas que lo expresen. Hay lágrimas seguramente. Contenidas o que se dejan caer. Pero hay allí una imposibilidad, cualquiera sea ésta, para que la historia siga. O quizás, la imposibilidad lo que hace no es impedir que la historia siga sino que cambie.
Vemos, casi con certeza, que uno de ellos sube. Al tren, al micro, al avión, al auto. Observamos al otro detenido, inmóvil en ese instante que supone eterno, mirando cuán fácil es que el amor se aleje. Algunas veces, el amante que queda, corre desesperado tratando de alcanzarlo. Como sea, uno parte y el otro queda.
Pero en un instante todo se detiene. El tren, el micro, el avión, el auto. O la vida es, en realidad la que se detiene, y el amante que partía, no lo hace.
Podemos ver al micro que se va, pero al correrse de la escena, dejó a alguien allí parado. O vemos un auto que con una maniobra brusca retoma el camino que dejaba. O si la escena es en un aeropuerto, cuando los carteles indican que el vuelo ya partió, hay alguien allí parado que no se ha ido en él.
Entonces, se miran, a la distancia y van hacia un abrazo irremediable.
Las escenas se repiten. Y por recurrentes, dejan de sorprendernos. Sabemos que no va a partir. Sabemos que se quedará. Aún así, el resabio dulce queda. Adoro esas escenas donde la vida se detiene y cambia de rumbo. Sí, lo sé, lo sé. Demasiadas películas románticas por esta semana.
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