Cuerpos

Posted by Paula Pampín on September 24th, 2005 filed in Naturalia

Le respira en su oído casi como queriendo penetrarla con su aliento. Ella lo sabe y ama el sabor de ese aliento. Entonces se mueve, rítmicamente, acompasadamente, plegando sus movimientos a la respiración de él. Y eso que comienza como una tenue brisa amenaza en pocos segundos en convertirse en huracán. Abre sus ojos un instante y sólo ve sus propias manos, tensionadas, haciendo intentos vanos para sostener el arrebato. No es necesario mirar las otras manos porque ésas se sienten. Recorren desesperadamente cada milimétrica parte de su piel hasta encontrar la humedad que presienten.

(Y sus cuerpos se saben. Y ni siquiera es necesario que se sepan, porque si esos cuerpos no se supieran, se intuirían, se percibirían, se adivinarían. Son esa clase de cuerpos que se pertenecen. Esa clase de cuerpos donde el hueco de la mano de uno coincide exactamente con la curva o la saliente del otro. Esos cuerpos donde las manos no hacen más que deslizarse y nunca, jamás, encuentran algo que las detenga en el camino.)

Y ella juega con él. Sabe de su desesperación y le escatima el cuerpo. Se contrae, se repliega levemente, sólo para esperar un nuevo y frenético arrebato y sentirse así más y más deseada. Como si eso fuera posible. Entonces él toma sus cabellos por detrás y le obliga en rápida maniobra a quebrarse. Sólo así puede alcanzar su boca. Esa boca que sabe provocarle las delicias más sublimes.

(Cuando quiebra su cabeza hacia atrás juega a que su pelo le alcance la cintura. Es ahí cuando vuelve a reencontrarse con la niña que fue. Con la niña que deseaba infructuosamente que su pelo llegara hasta su cintura. Y le agradece, como ella sabe, sin pronunciar palabra, que una vez más le haya cumplido sus sueños.)

Entonces él, sin dejar de recorrerla, le come esa boca como si no hubiera en este mundo manjar más delicioso. Una, dos, tres veces, infinitas veces, hasta que ella, ahogada, con el ínfimo aliento que logra retener, le susurra, le implora, le ruega que lo haga ya. Una sola palabra pronuncia y será la única, la más bella que él haya escuchado.


One Response to “Cuerpos”

  1. Jorge Alberdi Says:

    Recién caigo aquí. Al principio creí que era una edulcorada boludez, pero es muy bueno el texto. Gracias