C’est la vie
Posted by Paula Pampín on August 27th, 2005 filed in ArtificialiaA las razones es mejor perderlas que encontrarlas.
En el afán de dilucidar los grandes secretos de la vida, nos ahondamos día a día en trazar caminos aparentemente ciertos pero que nos llevan nada más que al absurdo.
La cosa es simple, todos tenemos una vida y nuestra vida está plagada de hechos casuales e insignificantes. El problema aparece cuando a esos simples hechos casuales los cargamos de un significado que en realidad no tienen y les buscamos razones y justificaciones donde en realidad nada de eso existe.
El hecho se produjo y ¿qué hacemos entonces?: buscamos el camino que nos llevó a ese hecho. Como si hiciera falta, como si alguien nos lo demandara, como si no tuviéramos suficiente con el hecho en sí mismo.
Pongamos un ejemplo, supongamos una situación ficticia cualquiera. Vamos caminando tranquilamente por la calle hacia el kiosco en busca de cigarrillos. En el momento exacto de cruzar la calle, vemos a la persona que no esperábamos ver en una situación incómoda, al menos para nosotros, y que, sin duda alguna, preferiríamos no haber visto. La situación tiene lugar, el encuentro se realiza, los detalles no son importantes. Lo importante acá es el después.
Volvemos al lugar de donde habíamos salido inicialmente -munidos ahora de un par de atados indispensables para la labor que se viene, y nuestra mente alocada empieza una carrera de postas llevando un hecho al siguiente- buscando justificar lo que no tiene justificación alguna.
¿Por qué salimos a la calle en ese preciso instante? ¿Por qué no demoramos al menos tres minutos más? ¿Por qué justo ahora se tenían que terminar los cigarrillos? ¿Por qué tardamos veinte preciados segundos en mirar a ese hombre que corría? ¿Por qué justo pasaron tres colectivos y nos demoraron en el cruce de la calle? Si cualquiera de estas cosas no hubiera sucedido, o sí hubieran sucedido pero con un desfasaje mínimo de tiempo, el encuentro nunca hubiera tenido lugar.
Entonces pensamos, ¿qué causas provocaron que los planetas se conjugaran de forma tal para que toda esa cadena de hechos fútiles tuviera lugar? Lo que primero surge es otra larga lista de cuestionamientos absolutamente racionales. Racionales al exceso y al extremo mismo, porque a nadie más que a nosotros se nos ocurren semejantes justificaciones para avalar el hecho.
Pero más allá de perder un tiempo apreciable de nuestras vidas, el problema aquí no pasa a mayores. El problema real comienza cuando ninguna de estas explicaciones nos satisface y comenzamos a ponernos místicos.
¿Existe el destino? ¿Será que el destino ya está marcado y no tenemos forma de evitarlo? ¿Será esto una señal que tendremos que mirar como tal y a partir de este preciso instante nuestra vida será otra? ¿Debemos empezar a pensar en una cuestión de energías? ¿Ocurrirá tal vez que nuestros cuerpos están cargados de una energía tal que haga que inevitablemente se atraiga con ese otro cuerpo portador de una energía similar? ¿Será tal vez otro milagro del Taller de Mística de Milanesa con papas? ¿Por qué si el mundo es tan amplio como para permitirnos vagar sin cruzarnos con una mísera ánima, determinados encuentros no dejan de producirse? ¿Será que dios existe y nos está castigando por algún pecado que cometimos en esta vida o tal vez otra? ¿O fueron los ángeles? ¿O peor aún, el demonio? ¿Estaremos acaso marcados por el demonio? ¿Habremos tal vez, en alguna noche de ésas, pactado con el diablo y ya no lo recordamos? ¿O serán los astros? ¿Deberíamos haber leído el horóscopo esta mañana? Y en el caso de que sí lo hubiéramos hecho, ¿deberíamos haberlo recordado?
A esta altura, deliramos. Esto no puede ser más que un delirio. A esta altura, caemos en la cuenta que nada de lo que pensamos tiene sentido y que perdemos un tiempo valiosísimo que no tenemos inútilmente. A esta altura, sabemos que las cosas pasan porque pasan y no es necesaria ninguna argumentación febril -sólo producto de una mente intrincada como la nuestra capaz de llegar a extremos tales- que la justifique. A esta altura, volvemos a salir la calle, encendemos otro cigarrillo y caminamos. Sólo eso.
August 28th, 2005 at 4:44 am
Ya era hora…
August 28th, 2005 at 3:39 pm
y sí… sólo eso…
August 28th, 2005 at 6:48 pm
nunca es tarde, miguel.
sólo eso y no es poco, florecita.
August 28th, 2005 at 10:31 pm
¿será quel libre albedrío es un engañapichanga para que no te distraigas con los hilos?
August 29th, 2005 at 9:24 am
aristóteles te daría una serie de explicaciones relacionadas con la causa eficiente, formal, etc. (el destino vendríaserunasuertedecausafinal).
lo tenés a spinoza que mejor te lo puede describir brauer.
a mí la que más me gusta es la pregunta-ecplicación de cordín. es brillante!!!
ahora, paula, güacha, digo yo: CON QUIEN TE ENCONTRASTE POR DIO!!!! tanto misterio y al final una se queda pagando.
August 29th, 2005 at 9:24 am
(perdón por la diéresis en guacha, paula, es que es un guacha con paraguas, por la lluvia)
August 29th, 2005 at 2:17 pm
será, cordín? me querés hacer pensar más? ni en pedo. solucioname el temita vos ya que estás.
tengo cerca un amigo spinoziano, lo consultaré, jime.
y no me encontré con nadie. cualquier coincidencia con la ficción es pura realidad. o era al revés?
August 29th, 2005 at 2:26 pm
Es la diferencia entre la causalidad y la casualidad.
Creer en la causalidad es casi lo mismo que creer en el destino, eso implicaría una idea o un proyecto superior. Y me parece triste que esa forma de autoengaño todavía exista.
La casualidad no es otra cosa que el azar. Puede haber intuición en algunos casos pero no deja de ser azar.
August 29th, 2005 at 3:09 pm
Hay una frase de Kundera que siempre me fascinó: las casualidades van al amor, como los pájaros a los hombros de San Francisco de Asís. Me gustan esas casualidades, que retrospectivamente, conforman un destino tejido a medida.
Más tristes son las otras: como aquel perro que cayó de un edificio, mató a un transeunte, para que un colectivero que presenció el hecho, termine atropellando a otro que venía sin mirar (fué algo así, real, pero no lo recuerdo.) Si hay ángeles, demonios o materia oscura detrás de esto, no lo sé. Pero no es menos extraño que estos diseños enlazados, terminen siempre apresados por la escritura. ¿Será una fatalidad?
Saludos.-
August 30th, 2005 at 12:27 pm
más allá de casualidades y causalidades, lo más importante es aprender a aceptar determinados hechos de la vida. uno juega, por momentos, a tejer lazos que permanecían invisibles para hacerlos visibles. pero, en definitiva, no es más que un juego que no hay que permitir que se transforme en perverso.
September 5th, 2005 at 11:16 pm
Sucede que no todos ven la vorágine y no todos tienen una opinión crítica de sus actos ni los escriben casi cínicamente. Me pasó con alguién que quería mucho y es un testigo lúcido como tantos otros que me lo encontré “casualmente” en la calle en su “casual” día de cumpleaños y me pasó que a veces siendo racional perdí el encanto a ciertos objetos o situaciones, no hablo de ser místico, pero a pesar de ciertos nihilismos todos estamos (creo) hechos de algún tipo de fe, desde esperar que venga más rápido el colectivo a que nos toque el tema 2 en el parcial.
Saludos, muy bueno este sitio.