Fidelidad

Posted by Jorge Mayer on November 28th, 2005 filed in Artificialia

No supe de la fidelidad hasta ella y no se trata, al menos no esta vez, de una diatriba a favor de la promiscuidad sino, nombrando a cada cosa por su nombre, de un atolladero, uno más.

Tal vez no sea exactamente el primer episodio pero es sin duda lo primero que me viene a la mente. Estábamos mis amigos y yo en completa ebriedad. Era un bar en una ciudad extraña. Alguien cantaba, otro acompañaba en la guitarra y los más, el resto, alternaban su inquietud de acompañar en las canciones como un coro fuera de sí, con los pedidos de una vuelta más, y otra. Y otra.

La camarera era una tontita. A menudo confundía las mesas, las cantidades, el precio a cobrar a los que se retiraban, pero algo tenía, algo que no sé decir en los ojos, digamos una herida que yo, como cualquier parroquiano, no tenía modo de discernir. O tal vez sí, los que frecuentaban ese tugurio que se puso en el camino de mi borrachera la conocerían de antemano y por eso la trataban con algún desprecio.

Analía me llamo, decía ella, ¿nombre artístico? le preguntaba yo, y ella no terminaba de darse por aludida. Era una putita tan elemental que todavía usaba su nombre de pila y si la apurabas un poco su apellido. No sé por qué lo hice. Probablemente estaba tan mal de guita que el alcohol me hacía florecer en proyectos. Ser fiolo, por no ir más lejos. ¿Querés?

Quedamos en charlarlo después o nunca, pero desde esa noche empezó a aparecerse con frecuencia en mi cama. Y no es novedad para nadie que la cama no es buen ámbito para compilar datos biográficos. Lo mejor era garchar como perros y dormir. Como si nos quisiéramos. Ésa es la parte que nunca entendí. Es decir: a las pendejitas que en algo ha tocado la belleza, por recóndito que este detalle pudiese estar, a ésas les dispenso lo único que tengo: mi amabilidad. Entonces dormir en cucharita, o charlar alguna trivialidad son meros detalles, servite, la casa invita. Pero hay cosas excesivas. El sentimiento, por ejemplo. Si la putita dice tener veinte años, y vos la mirás con detenimiento y pensás que tiene menos, y la reclutaste en un bar en el que trabaja por cinco guitas la noche, que es decir dos cervezas de esas veinte que te tomaste, y te pregunta cosas, y te hace caritas de enamorada pero después dice que tiene tres hijos, que con gusto se quedaría pero se tiene que ir y no es por las cinco guitas, que vos pensás darle más, sino por el trabajo. Si me quedo sin laburo ¿dónde voy?

Entonces, cuando el alcohol viene bajando, te das vuelta en la cama como quien quiere dormir y ella hace de cuenta que vos sos el que tiene tetas y te mete las manos por debajo de los brazos y no tiene mucho asunto escaparle a la verdad, por dolorosa que pueda ser, y el ¿dónde voy? se hace un martillazo a la altura de la nuez y aunque poco te concierna te ponés en los ojos nunca bien cerrados la foto de los cachorros. Posiblemente todos tengan un pelaje diferente y le hayan sucedido en lo mejor de algo, algo no tan mejor como lo que ella soñaba, pero si un poco más que los rudimentos de lo que ella cabalga, la perra vida como otros la llaman.

¿Cómo sería aquello de ver las heridas crecer como el pelo o las uñas? Y tal vez un día empezasen a hablar en su media lengua y a pedir alguna explicación y siempre tengan un nuevo nombre para las hambres. No serían muy diferentes que lo que ella era. A lo mejor, alguno le recordaría la mirada de aquél que en otra cama le prometió arrancarla de los maderos vecinos al muelle y un buen día desapareció como todos lo hacían.

Y cuando dijera supe ser más flaca y más linda y ya no, las cartas estarían muertas de risa, todas sobre la mesa, tendidas en abanico, jugando a ser espiral, cubriendo el oro con copas. De allí a las repeticiones no hay casi trecho. Un día, otro cualquiera, la ves por la mirilla, del otro lado de la puerta y te acomodás a la idea de que en esa insistencia al mismo tiempo sos vos el que está desnudo pidiéndole prórrogas al frío y a ella permiso para entrar.


3 Responses to “Fidelidad”

  1. jimena Says:

    buenísimo jorge!!!! qué personaje te armaste. si no supiera que vos sos vos y cómo sos te odiaría sin más.

    besos,

  2. Mayer Says:

    Sos adorable, Jime. Me cortaste un invicto de dos meses de cero comments, encima con semejante halago! No soy digno.

  3. acteon Says:

    Jorge, es un buen relato, crudo, con menos peleas entre las voces que pugnan por hablar en él. Y además, su brevedad le sienta bien al relato.
    Lo de 0 comments ya lo hablamos otra vez, in extenso; pero bueno, tal vez se rompe el hechizo cuando uno se encuentra en tránsito o de vacaciones.-

    Un saludo.-