El camino de Belén
Posted by Jorge Mayer on December 26th, 2005 filed in ArtificialiaAsí como el carpintero y su familia partieron durante una fecha como ésta por una causa burocrática en busca de la tierra de sus antepasados, del mismo modo a muchos de este tiempo nos toca honrar esa costumbre y emprendemos cada diciembre el camino de Belén, allí donde el pasado y los padres.
El tiempo entre una fecha y otra se exterioriza en marcas que hieren, cada una con distinta daga. La fatiga, la decadencia física, la enfermedad, la erosión de la esperanza están en el aire que se respira. Resulta suficiente dar la vista contra los cuadros de la sala que miran el mundo arrumbarse desde su trono.
Tal vez la diferencia entre el carpintero y nuestros contemporáneos sea que hoy el viaje toca una frecuencia tal que es imposible escudarse de los imprudentes molinos de la memoria y entonces mella un poco más ver otro peregrino que protege su cabeza y su dignidad con gorro o sombrero.
En su derredor apiñan los afectos. Cada uno finge a su manera las lágrimas que no termina de parir. Sabe que está pronta la hora en que le llagará el cuero la marca del señor. Poca cosa resultan las curaciones, las ambulancias, las cadenas de oración. Con sólo sospechar esa atmósfera de aflicción, se accede a una sospecha que tiene muchos visos de verdad: la mera declaración de la infamia se ha hecho ominosa condena.
Por lo demás, unos y otros lucen tristes. Desde el trabajoso silencio de ese cuarto de hospital que ha usurpado la propia casa, se tejen los reproches por los días que pasaron en medio de vanas rencillas, las copas que pudieron haber chocado y prefirieron callar y el deseo nunca dicho de que el maldito reloj sea piadoso con la tan grande paciencia que amenaza en romperse en gritos de agonía, como si en verdad la última puntada fuera una tregua, la bendición de asistir a la cura de una enfermedad ajena como a la propia redención.
En el punto del desierto que a mí me toca como destino, año a año tiene lugar otro censo.