Sueño
Posted by Daniela Gutiérrez on October 26th, 2006 filed in ArtificialiaEs de noche, en un bar al borde de una ruta desierta. Soñé que yo estaba ahí, dentro del bar, sentada en una mesa al fondo y mirándole la nuca.
No sólo yo, pienso, reconozco al hombre que amo por su nuca; seguramente todas sabemos que en esa meseta de su cuerpo puede nuestra mirada obrar un milagro. Tengo sed y en ese sitio hace calor, mi vaso está vacío y no me sale la voz de la garganta. Creo temer que en vez de pedir algo de tomar se me escurra su nombre.
Me gusta la música pero no sé qué es. Nunca la oí antes o sí pero me da igual porque no puedo reconocerla. Canta una mujer y (en el sueño, sueño) la pienso exuberante y brasilera. Me da miedo brazil, digo para adentro. Tengo sed.
No puedo dejar de verlo, ahora su rostro por el espejo sobre la barra donde intenta domar los efluvios de su propio sueño. Yo creo que el fluir cansino del alcohol en su garganta le duele. Me dijo alguna vez que la vida no se agota en ese licor, que prefería saciarse con mi saliva con las sales que transpiro con eso de nombre raro que llamó “tu ambrosía”. En el sueño yo decía “ambrosía” y mi boca se movía como si supiera, como lo sé, –y no lo sabía entonces- que era la bebida de los dioses.
Sí, eso: me dijo que era un dios para mí, y yo para él. Una diosa como el último trago, el último eslabón de una cadena sin eslabones.
Me veo allí mirándolo y el paladar seco se hace insensible al llanto. Lástima, mi lengua secándome las lágrimas, bebiéndome el dolor, merecería tus besos. Como antes, ahora. En la mano tengo un juego de llaves que juegan entre mis dedos. Esta llave que separo un día abrió tu puerta. Es gracioso el ruidito de campanas que hacen las llaves que hago chocar. No te das vuelta. ¿Me oye?
Yo te dije ese día que me gustaba tu olor de perdedor. Pude reconocerlo al instante, y sé que se aloja ahí un respiro para la penúltima copa. En el sueño espero algo que fulmine como un rayo todas mis certezas y saberes y revierta el destino a favor del que nunca quiso despedirse del todo. Seguís ahí, pegadito a la evanescencia de una pulsión extraña. Yo acá, apenas una emoción.
Me paro y voy hasta la barra, junto a vos. Porque siento, en el sueño, que la vida se me escapa y que es hora de dejar de pensarla. Veo que no me ves, (¡ah! es un sueño, por eso) pero la amarillez que te cubre es del dolor de su ausencia –extrañas a otra, ya sé, me lo dijiste, ya sé-. En el sueño el futuro vuelve como si fuese un pasado que no viví, intangible, y sólo para recordarme como nunca más van a ser las cosas.
Y te trae el sueño como quizá no seas. Pero como te pienso: pegado a tu presente conjugado entre los reflejos fantasmales del alcohol, sentado sobre ese taburete mirando todo lo que hay alrededor . Pero ¿no me ves? Sueño que mi mirada hace que me mires (como en la propaganda ésa, “mirame, mirame, mirame…”) y entonces me mirás como con miedo. ¿Pensarás que soy una pesadilla con su rostro?
Cuando eso pasa, oigo otra música detrás. Un clarinete afinado, blues. Mirame bien, te digo en escocés, mirame porque voy a hacer que dejes acá ese fantasma irredento borracho y senil, ese dios impostor y vuelvas a ser vos. Mirame hasta la última peca (es gracioso pero en el sueño esa frase viene con un dedo de mi mano señalándome el pecho cubierto de pecas y hacia abajo) porque voy a ser la que busque encajar tu silueta impasible de la espesura de su ficción. Entonces me moría de ganas de besarte.
Y ahí me desperté, con esa frase grandilocuente dándome vueltas. La escribí temprano en un papelito, y estuve queriendo recordar un sueño que duraba muchísimo. Éste es su rastro, su resaca.
October 27th, 2006 at 8:37 am
Hermoso texto, Daniela, de una sutileza exquisita.