Siempre se trata de otra cosa: vuelvo a la pregunta, el cristianismo medieval ha sometido a la mujer a un doble proceso —que increíblemente parecería seguir vigente—: por una parte un enaltecimiento que prescinde del sexo lo descorporiza mediante el amor cortés, (que parte de la nobleza en su doble sentido y cualidad moral y condición social) hasta llegar a la identificación de esa mujer puramente ideal con la virgen, y por la otra, denigración de la mujer vulgar hasta convertirla en bruja.

Dama o puta esconden el mismo dilema, señores míos.

Pero toda dualidad, lejos de ser irreconciliable es, en lo secreto, complementaria: el placer es la alquimia más peligrosa de lo femenino porque las mujeres sabemos administrarlo en tanto que brujas y sabemos ignorarlo en cuanto que vírgenes. Como bien diría el adorable Proust: (la mujer) con la destreza de un filósofo idealista puede dar vuelta la apariencia y presentar rápidamente el ángulo insospechado del revés de la trama.

 

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