Bestialmente angélico
Posted by Daniela Gutiérrez on March 8th, 2007 filed in NaturaliaDe tan ángel como era se convirtió en bestia. Está escrito que eso puede pasar. Le fueron arrebatadas las alas y desnudo lo expulsaron del paraíso. Sentenciado a mirarse en un espejo y a velar durmiendo en un lecho de sábanas de seda y plumas, nos provocaba –éramos jóvenes de soledad y fuego-, mostrándonos su espalda, su entrepierna de oscuridad en brasas, su bellísimo culo, estrecho y prohibido, sus curvas de demonio y su perfil de tigre y de ángel. Me miré en el espejo de sus ojos y fui cautiva del veneno de su aliento. Pretendí tu sexo, y supe que es el más hermoso de todos, aún cuando me ahogara su resplandor. Se paga caro esa clase de placer. Nadie, ni los de Nicea, supieron del sexo de un ángel, menos el de un demonio. El Bosco lo dibuja escondido debajo de un carro de heno, Dante lo pone en el purgatorio, Velázquez le da un cuerpo de mujer desnuda mirándose en un espejo y Miguel Ángel Buonnaroti lo yergue en el cuerpo del David y cuando le vio tan hermoso como un dios escribió: “Me gustaría que mi cuerpo fuera un ojo único”. Un ojo para ver y un ojo para sentir. Un ojo que le dejara ver la Belleza y le diera fuego a su corazón y a su pija. Pero Miguel Ángel, como yo, supo que el corazón necesita dos ojos para la visión, tres ojos para el amor, miles de ojos para la emboscada y que el corazón ama despacio cuando el ojo no ve.Eras una estatua de carne que podría ser de piedra, un modigliani de humo que confesaba al fuego, un caravaggio que convertía la sangre en agua, un greco perturbado lleno de serenidad por las calles de Toledo. Eras la peste negra, la que mató –de placer- a mi cuerpo en flor, la vida que mataba a la muerte, eras el primer amor y el último, la noche más clara y el día más turbio. Mitad monje con su voz ronca de maitines y mitad guerrero con coraza de saliva. Serpiente venenosa e insinuante siempre atenta al silbido del viento. Me desvestiste de auroras, hiciste de mis pezones hierro listo para morder. Bestia arcangélica reposando su cabeza en mi almohada de plumas, frágil cristal de donde bebí lo que me diste sin querer saber, temblor de madrugada. Tan bestia que eras un ángel expulsado del paraíso. Allí donde cortaron tus alas y te dieron esos ojos que hacen corcovear mi espalda. Desde la base de la nuca hasta donde empieza mi culo, tus ojos fueron un relámpago infernal. Mirarte era salvarme. Adentrarme en tu trampa, condenarse.
March 13th, 2007 at 10:55 am
Me gustó mucho y… no sé qué más decir, si nunca estudié preceptiva literaria.