Beso
Posted by Daniela Gutiérrez on July 27th, 2006 filed in NaturaliaEl pecado sucede de repente. Fue una tarde de otoño. Estaba leyendo tirada en mi cama una fotonovela rosadita. Justo en el momento en que él le dice a ella, le susurra: “qué bien hueles”, yo sentí un leve tirón en la entrepierna como si desde allí colgara una plomada que obligándome a apretar los muslos era capaz de erguir en tótem cada pelo sobre mi piel. Esas palabras resonaban dentro con una voz real y como canto rodado iban cayendo de a una al vacío de un aljibe y encontrando su eco bien abajo, allí donde las caricias eran desde hacía poco tiempo el lugar común del deseo.
Entonces cerraba los ojos, apretaba los muslos, abría la boca como si fuese a tragarme el mundo entero e inspiraba profundamente. Entonces volvían mis ojos, como si se tratara de un imán, a ese mismo cuadrito, para saciar una sed morosa; a los 11 años creo que prefería la sal antes que el agua, porque intuía que en el alivio habría un fin y sólo quería empezar una vez y otra vez.
Para el primer beso me preparé con esmero. Practiqué sobre cada espejo de la casa, una y otra vez restregándome hacia un lado y el otro para asegurarme que la huella delatara la intensidad.
Después, cuando supe finalmente que la boca tenía que estar un poco abierta, dispuesta, ofrecerse para el mordisco, el ensayo era sobre mi misma mano: el pulgar y el índice armaban una boquita perfecta sobre la que inclinarme y friccionar hasta sentir algo punzante en la boca del estómago.
Entonces pasó. Una tarde de domingo mi amiga Cindy volvió al internado más tarde de lo común. Había tenido una fiesta en casa de unos amigos de sus tíos. Allí, en el banco del jardín, se dejó besar por el chico que le gustaba tanto. Nos lo contó cuando estábamos todas acostadas y en la oscuridad del dormitorio. Dijo que era una sensación única, que nada era igual, que él se le había acercado primero lentamente y cuando comprobó que ella estaba dispuesta a seguirlo se besaron por horas. Tenía todo alrededor de la boca un poco paspado. Parece que Sean tenía incipiente barba y la saliva hizo el resto. Qué increíble, qué fácil parecía!.
Al rato, fui hasta su cama y nos sentamos a hablar, entre nosotras el relato merecía mayor detalle e intimidad. Entonces me dijo que probáramos, que ella haría de Mick y yo de mí misma. Y probé: cerré los ojos, entreabrí los labios y sentí una mano entre mi pelo, suavemente, muy suavemente otros labios rozaron los míos. Me estremecí como si fuese a estornudar, sentí su boca sobre la mía y su lengua abrirse paso entre mis dientes y más lejos. La mano de Cindy conducía mi cabeza hacia un lado, su lengua parecía una manito que me acariciaba por dentro, nos alejábamos, nos reíamos y volvíamos a empezar.
Esa noche, finalmente supe que sabía besar, me fui a mi cama a dormirme eternamente agradecida. Mi corazón latía fuerte, gracias a Cindy descubrí esa noche que había una extraña y secreta conexión interior entre mi boca y ese cofrecito rosado de sonrisa vertical, que entre mis piernas, también latía.
Yo pensaba besos y esa otra boca se humedecía.
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