Qué es eso que se mueve ahí
Posted by Daniel Freidemberg on August 29th, 2005 filed in NaturaliaDe mis vicios, uno de los peores es la incontinencia cucarachicida. Veo un bicho achatado, semirreptante y oscuro, así sea de reojo, así sea una sombrita que por una fracción de segundo se movió en la pared o sobre la mesada, y ahí voy, no puedo no aplastarlo, tirarle encima cualquier cosa, ahogarlo en insecticida o en lo que sea. He roto utensilios, adornos de mesa y muebles tratando de evitar que una cucaracha se me escape, hice papelones públicos, tuve discusiones con mi mujer (imaginen la escena: una pareja cenando tranquilamente y de repente uno se levanta y se sube a una silla con la escoba tratando de acertarle a una cosa que se arrastra junto al techo) y momentos difíciles con amigos o conocidos (estamos conversando y empiezo a ponerme nervioso, no puedo atender lo que el otro me dice porque otra cosa reclama perentoriamente mi atención). Pero nada que hacerle, es más fuerte que mi inteligencia y mi voluntad: no puedo, literalmente, ver una cucaracha, grande o chica (cuanto más grande más fuerte el impulso) sin que me gane una irrefrenable necesidad de sacarla de escena, por cualquier medio y en el menor tiempo posible.
A otros vicios aprendí a manejarlos o directamente me curé, como el pucho (tres atados por día, Parisiennes fuertes, salía de casa a las tres de la mañana a recorrer Almagro buscando un quiosco, el olor a humo depositado en mi departamento se percibía desde el ascensor, a diez metros), el de no poder no comprar ciertos libros o cedés que quién sabe si voy a leer o a escuchar, la compulsión a responder inmediata y extensamente cualquier mail o el tener que probar todos los tipos de sangüichitos o canapés en las presentaciones de libros (cuando hay), en tanto con el café (unas tres cafeteras diarias) estoy entablando una pelea en la que vamos empatados. Pero con el cucarachicidio es imposible: simplemente no concibo la posibilidad de dejar pasar impunes a esas cosas que se me ponen sin permiso ante los ojos.
No es que las odie, vamos a aclarar. O, bueno, las odio, pero no veo ningún placer en hacerles daño ni de ningún modo querría que sufran o se queden ahí agitando las antenas y las patas en una agonía que me resulta tan desagradable como su presencia (además tardan mucho en dejar de moverse las podridas, hasta partidas en varios pedazos). Lo que nada más quiero es que salgan de mi vista y de mi vida, que no se metan donde nadie las llamó. No hay nada más parecido a un spam que una cucaracha, como los spams, el problema no es que hagan daño, es que ponen en evidencia nuestra impotencia ante lo rastrero, lo subrepticio, lo que carece de cualquier atisbo de dignidad, lo mezquinamente parasitario, la descarada falta de buena educación.
Nada tengo con las hormigas ni las moscas, ni siquiera los mosquitos, y mucho menos con las vaquitas de San Antonio. Moscas o mosquitos (u hormigas, si las hubiera) trato de sacármelos de encima, ahuyentarlos, en fin, todo lo que se hace en estos casos. Pero no me producen ese repentino vacío bajo el esternón que me reclama hacer algo, sin pensarlo dos veces, como si absolutamente ninguna otra cosa en ese momento fuera posible o admisible.
No son todas iguales, hay que decirlo. Algunas se dejan matar sin problema, hasta bobamente, como si lo estuvieran esperando a uno las muy pelotudas, otras son más difíciles y también las hay perversas y diabólicas: en el momento exacto en que ibas a entrar en contacto con ella, un mínimo giro o un pequeño retroceso o una salida lateral te frustran el golpe, como si la hija de puta adivinara de antemano la jugada, ese instinto que les indica siempre cómo enderezar para el lado contrario al que preveías o esa demoníaca habilidad para ocultarse detrás de los objetos más frágiles y hasta para desvanecerse: hagan la prueba de querer aplastar una cucharacha agarrándola en un trapo, digamos en un trapo rejilla: la apretás bien, la apretás fuerte, y cuando abrís el trapo, no está, ni vivita y coleando ni despatarrada, tampoco caída en el piso, sencillamente no está. Así es el modo de ser del mal.
Algo hay de razonado, sin embargo, en mi actitud; hasta, casi diría, de científico. Lo pensé muchas veces, y cada vez que lo pienso mi cucarachofobia aumenta su voltaje: no es ningún secreto que estos bichos se reproducen fantásticamente, vaya a saber cuántos cientos de cucarachas nacen de una sola, de las que a su vez nacen en muy poco tiempo otros cientos, de cada una de las cuales nacerán pronto cientos más, y la progresión geométrica sigue, con el agravante de que, al menos en el ámbito doméstico, es una especie que no tiene enemigos naturales. Si, como calculo, desde que vivo en mi casa debo haber matado unas cincuenta mil en quince años, quiere decir que, sin mi intervención, hoy en mi casa no habría nada más que cucarachas. Lo mío, si me pongo a pensarlo, es un apostolado.
No vayan a entender mal, por favor, hablo de cucarachas reales, no estoy usando ninguna metáfora, no aludo a ningún tipo de persona. Esos seres inmundos a los que no puedo ver sin aplastar son, ni más ni menos, insectos ortópteros cosmopolitas que se arrastran y anidan en sitios oscuros y húmedos, ninguna otra cosa. Cucarachas en un sentido literal. A ésas, las veo y las mato. Con las otras, tengo que aguantarme.
August 29th, 2005 at 12:52 pm
Si la incontinencia fuera al revés, serías un serial killer. Odio a los mosquitos, temo que uno se me meta en la oreja, hasta el oído medio. Eso me enfurece, me saca el sueño, que puedo recuperar luego de una intensa batalla hasta despejar el cielo de mi habitación. Es que los muy nipones se resisten a la guerra química del Fuyí vape… Las veces que llego a la cama con tiempo, tomo recaudos de todo tipo: rocío con Raid, ilumino los rincones, agito la ropa para que salgan de sus escondites tras la puerta o los muebles. Pero si llego cansado, me levanto iracundo, cargado de odio ciego llegando a revolear zapatos, diarios, libros. Mi mujer grita que apague la luz, y en la penumbra del velador tapado con un calzoncillo los espero para aplaudirlos. He tenido mis noches combativas al respecto, en las cuales termino más cansado de la cacería que por la desazón de la vida.
August 29th, 2005 at 3:16 pm
Increíble, ayer estaba hablando exactamente de lo mismo con algunos compañeros eventuales de charlas de bar. Les comentaba eso, que si veía una cucaracha por la calle, a la distancia, era capaz de ir hasta ella sólo para aplastarla y sentir el crujido de sus crostas abajo de mi pie. Yo también las odio Freidemberg, y cuando tienen alas y las utilizan para volar, más aún. En la zona donde vivo estos bichos vuelan también, no sólo dominan el espacio aéreo sino que te atacan, no les importa, les gustaría enmarañarse en tus cabellos sólo para sentir el placer de saber que te están hinchando soberanamente las pelotas; aún a costas de su propia vida.
August 29th, 2005 at 3:54 pm
la señora cucaracha
se ha comprado una bombacha
toda llena de botones
y adornada con hilachas
que bombacha mamarracha….
etc, etc, etc.
una vez me corté un dedo con un vaso de vidrio mientras lavaba los platos, se me veía el tendón y sangraba sin parar. empecé a gritar pidiendo ayuda a mi marido. no venía, no venía, no venía. hasta que al fin entró a la concina y le dije ¿por qué tardaste tanto, no ves que me corté y me tenés que llevar a que me cosan el dedo? ah, pensé que gritabas porque habías visto una cucaracha, me contestó como si tal cosa.
August 29th, 2005 at 4:22 pm
Una variante:
Si me aparecen en un plano vertical, generalmente en la pared de la cocina revestida de cerámica la secuencia es:
-impacto con elemento difuso - repasador-
-caída a la pileta
-ahogamiento paulatino mediante llenado de pileta
-verla patalear hasta desfallecer
-tomarla con una servilleta de papel y la revoleo al patio…
¿Por qué nunca tuve remordimiento? Será que la desproporción de fuerzas, tamaño y significación tan grande entre asesino y asesinado quita todo remordimiento?
( tomá pa vos!!!!!!, mirá que interrogante que me mandé :::::::::)
August 29th, 2005 at 4:27 pm
Perdon, el post anterior es mio, se me coló otro nombre….
Tino
August 29th, 2005 at 4:54 pm
Perdón, cómo nadie menciona las malditas y repugnantes mariposas, esas grises y peyonas que invaden con los primeros calores? Lo despiertan a uno rebotando contra el techo… me levanto a la hora que sea, manoteo la palita de juntar tierra, y me gusta darles en el aire (si uno las revienta contra la pared… agh, el triperío amarillo y sementoso es un asco…), como si fueran apaches norteamericanos y yo un anarquista iraquí en calzoncillos y con turbante.
Ahora tengo también murciélagos en el taparrollo. Se vinieron todos al mío. Sospecho que les gustó emoh, el último de Lou Barlow. De vez en cuando uno, al volver a casa, calcula mal y se pasa de largo, y va a dar contra los lomos de El capital, al fondo de la habitación. O sale por el lado equivocado, el interno, se choca la cortina, y se cae de cabeza contra el piso. El primero que agarré lo hice correr por el inodoro y me sentí terriblemente culpable. Ahora los hecho a volar por el balcón. Lo que me llamó la atención es que, aunque algunos sean grandes, pesan menos que una ciruela.
August 29th, 2005 at 8:04 pm
¿Y las palomas? Todo un tema las palomas. Tuve que alambrar la ventana de mi escritorio, que da al hueco interno del edificio, porque se me llenaba todo de plumillas apestosas. Y una vez una hizo nido en la ventana de la cocina y no nos animamos a ser tan criminales como para tirar el nido con huevitos y todo a la mierda. Nacieron unos monstruos asquerosos, que piaban y piaban, hasta que en algún momento se cayeron con nido y todo o no sé qué pasó. Ahora hay una pareja que viene a hacerse arrumacos en la ventana del baño, ni te cuento el bochinche que hacen, parecen elefantes, no palomas, las alas no parecen de pluma sino de fierro duro por el bochinche, y los gruñidos del macho parecen de un león con hipo. Las espanto, no vayan a creer, pero al rato están de nuevo. Así es el mal.
August 29th, 2005 at 9:29 pm
Daniel, hablando en serio, ese relato me pareció menos una metáfora del mal, que de los usos sociales y políticos del “mal”. Esas figuras sociales cargadas con la paranoia de las mayorías. De hecho, ese párrafo sobre la preocupante “reproducción geométrica”, ligado a la suciedad, se parece incluso bastante al modo como la clase media suele hablar de los pobres y la pobreza.
A mí me van a cortar los huevos acá… siempre llevo las cosas hacia cierta zona… pero bué…
August 29th, 2005 at 10:00 pm
Si querés que te diga la verdad, un poco fue buscando esa lectura que lo publiqué. Quise sacar afuera el facho de clase media que tengo adentro y que, más o menos, tenemos todos. Es verdad que detesto visceralmente a las cucarachas y cuando puedo las mato, por lo tanto no miento en el post, simplemente exagero un poco, pero miles de veces me dije si eso que siento no es lo mismo que siente un nazi respecto de los judíos, un ultrasionista respecto de los palestinos, un lector de La Nación o un oyente de Radio Diez respecto de los “negritos”. Hay un modelo de reacción ante las “molestias” que quise poner a la vista. Por supuesto, de ningún modo creo que sea equiparable la molestia ante una cucaracha que ante un ser humano “diferente” (todos somos “diferentes”), pero ahí veo un modelo de actitud que me interesa poner en foco. Se trataría, justamente, de aprender a apreciar por qué no todos los agentes de molestias pueden ser tratados igual, buscar el punto en que la represión a la propia agresividad o intolerancia se justifica: un poco lo que Sigmund llama “el malestar en la cultura”.
August 29th, 2005 at 11:53 pm
Uy! justo pensaba un cuento acerca de LA CUCARACHA BLANCA, una cucaracha a matricular diria el copete.
August 30th, 2005 at 12:29 am
Epa, introduciendo e introduciendo werte y d. freidemberg me metieron una cucaracha en el ojo, que es la sensación que me produce cuando leo o escucho esa autoflagelación culposa de la clase media hecha encima desde miembros de la misma clase media. Una clase injustamente agredida desde fuera y desde si misma, que se deja vejar en un absurdo rol de chivo expiatorio de todos los fascimos de una sociedad.
Una preguntita ¿quién dijo que en Argentina sólo la clase media es fascista? ¿La baja que es?, socialista utópica??? No me jodan che…. Si la clase media argentina es fascista, la obrera es recontra fascista y la alta es hiper-recontra-fascista. Esto de agarrar a la clase media de puching ball extrapolando un reflejo condicionado de alguna teoría marxa de la europa del siglo XIX me parece un ejercicio de harakiri simbólico al cohete. Ah, y la clase media no es solamente Gonzalez Oro, es un poquitito diferente me parece…La clase media es lo más boludo de este país, una quejumbre culposa con sus buenas entrañas fachas si, pero que se que aguanta el desprecio de los que tiene arriba, los que tiene abajo, y los de si misma.
August 30th, 2005 at 9:02 am
Tino, me parece que leíste lo que no está en nuestros textos o los viste como expresión de otra cosa. Dije, textualmente, “el facho de clase media que tengo adentro y que, más o menos, tenemos todos”. ¿Dónde digo que solamente la clase media es facha, dónde digo que la clase media es nada más que facha, dónde digo que toda la clase media es facha? No creo estar abonado a ninguna teoría marxista del siglo XIX, XX o XXI, gracias a Dios y la Virgen, cuando hago esa caracterización de la clase media: dejo hablar a la experiencia nomás, incluida la experiencia de constatar mis propias sensaciones y mis propios sentimientos, como está claramente dicho -me parece- en el comment. Y es cierto que estamos en el medio y sufriendo el desprecio de todos, incluidos de nosotros mismos, pero en una cosa disiento: los pobres (los más pobres, habría que decir, porque una gran parte de la clase media argentina es pobre) no nos desprecian. Nos odian. Y no puedo culparlos. Tampoco los justifico pero entiendo bien que no podría ser de otro modo. Y, entre otras cosas (quizá más importantes) nos odian por la desesperación de la clase media de parecerse en todo a la clase alta (que nos desprecia con asquito): desde ahí bien abajo, no se notan las diferencias. Me consta que no se notan, porque yo mismo suelo putear contra gente que tiene una 4 por 4 como si fueran Bill Gates.
August 30th, 2005 at 9:13 am
Daniel F, tenés razón, disparé un pensamiento reactivo mio contra una especie de opinión instalada en algunos lugares y cometí el error de ver en unas frases de ustedes, una versión más de esa opinión cuando no era así en realidad.
Mis disculpas
Tino
August 30th, 2005 at 9:17 am
A todo esto, conozco un par de enanos fascistas. Y no trabajan en el circo.
August 30th, 2005 at 10:47 am
Es interesante como el pensamiento metafórico, siempre nos juega estas malas pasadas (qué es facho, qué no lo es, quién es más facho, quién menos)
Sin lugar a dudas, las cucarachas no es la pobreza. Ni la limpieza es una de las formas sublimadas de la selección del más fuerte o del más inteligente, ni del exterminio. Las cucarachas no pasan hambre ni “desean” nuestra anodina e inquieta vida. Su superioridad está, justamente, en su tasa de crecimiento geométrico y su adaptabilidad mutante ante los imprevistos. Su perfección es la medida de nuestro rechazo.
Dejando de lado la interminable definición de lo que entendemos cómo Clase Media en la Argentina Actual, muchachos, digo: ¡así no pueden ir de campamento a ningún lado!
Yo tengo el mismo terror que Wilson en 1984, y hace unos años, en el Sur y acampando, fuí hostigado por las ratas hambrientas. Toda una noche que, entre el sueño y el asco, las mantuvimos lejos de la carpa, a las patadas contra la tela, cada vez que sentíamos que se subían y chillaban. Y me parecía que se comunicaban entre sí, como los velociraptores.
El horror, el horror. . .
August 30th, 2005 at 6:15 pm
Ahora me doy cuenta. Es tan elemental, tan claro, que por eso mismo sólo una mente tan dada a la complicación como la mía puede andar dándole vueltas y vueltas cuando la cosa está a la vista ahí nomás. Las cucarachas, las ratas, las palomas y otros invasores epidémicos son realmente odiosos y proliferan y hay que detender su expansión, es indiscutible. La trampa “progresista” es querer ver en eso una metáfora de realidades que son radicalmente incomparables: bichos dañinos e intrusores equiparados a humanos pobres o pertenecientes a razas “inferiores”. Es decir, desde el progresismo uno reproduce culposamente exactamente el mismo pensamiento del que los fachos extraen su energía. Con las cucarachas no hay ni podrá haber piedad. Tema concluido.
August 31st, 2005 at 7:23 am
En realidad, para ser justos, a los bichos dañinos e intrusores cabría equipararlos a los humanos, a secas. Ni pobres ni inferiores, simplemente a secas.
August 31st, 2005 at 8:16 am
Omar, algunos enanos fascistas trabajan en el circo. Cuando te animes a prender otra vez la tele, vas a ver.
September 2nd, 2005 at 9:21 am
Si enciendo la tele es para ver un documental sobre las ratas, lo prometo. Es como ver la anticipación zoológica de nuestro destino ciudadano. Estaré advertido entonces, lo que no significa que acepte el porvenir.
Igualmente, creo, se puede considerar al cucarachil mundo bajo el concepto de Plaga. Si hemos pecado por invasores, depredadores, desfoliantes, el castigo son distintas Plagas. Como si -más allá del recurso fácil de la divinidad condenatoria- la compensación, el equilibrio sucedáneo, se diera por nuestro sufrimiento íntimo, hogareño. De todas formas, el daño que hacemos, es infinitamente superior a la incomodidad cucaráchica.