desarmadurándose
Posted by Daniel Freidemberg on August 22nd, 2005 filed in Artificialiauno. Tratando de salir de la armadura. No porque quiera que se me vea “tal como soy” ni porque una repentina valentía me prometa un placer en la exposición a los peligros, sino porque adentro de esta construcción hay algunas limitaciones para moverse y más aun para sentir (quiero decir sentir otra cosa que a la propia armadura y a las señales que manda el propio cuerpo de uno o su mente). Es una armadura muy práctica, ingeniosa, me llevó décadas armarla y perfeccionarla (hubo largos períodos en que ocuparme de ella era mi tarea principal): tiene una gran variedad de articulaciones y está hecha de material resistente, se adapta a distintos terrenos y puede cambiar de apariencia y de modos de operar según ante quién se está o según dónde se está. Aunque a veces falla, porque no es tan fácil saber ante quién verdaderamente uno está o dónde, y porque las personas, los lugares y las situaciones cambian, pero también la armadura está preparada para autorreprogramarse de acuerdo a esos cambios. Pero no es por que falle que trato de salir, es porque pesa demasiado para mis necesidades de ahora, siento que acá adentro me enmohezco, empiezo a tener un olor que no me gusta. Y hasta, y tal vez sobre todo, porque es casi perfecta.
dos. El gusto a insatisfacción que me da sentir que las cosas que consigo no las consigo yo, las consigue ella, tan bien hecha como está. Claro que, si al fin y al cabo ella, la armadura, es obra mía, debería suponer que también es mérito mío ver que ella consigue tal cosa o tal otra, más aun cuando el que la maneja soy yo. Pero es que, con la práctica, ha ido adquiriendo modos de conseguirlas que ya son más de ella que míos; tiene un estilo, por así decirlo, en el que no alcanzo a reconocerme bien, impone sus condicionamientos, incluidas sus virtudes. ¿Qué tal será, me pregunto, de tanto en tanto incurrir en fallas no habituales, quedar mal parado, perder? ¿Qué será lo que se gana cuando uno se permite perder? ¿Por qué todo tendría que funcionar bien? Y en especial, y más que cualquier otra cosa: por qué carajo tengo que condenarme por toda la eternidad a vigilar el funcionamiento de este aparato tan complicado, aceitarlo, cargarle las pilas, cambiar las partes dañadas, vigilar que no se le haya caído ningún pedazo.
tres. Primeras sensaciones al salir de la armadura: es como estar en otro planeta, hablar un lenguaje extranjero (hay que aprender de nuevo a hablar, no a escuchar porque la capacidad de escuchar creció sola, apenas uno salió, a un nivel impresionante, pero las propias palabras de uno tardan en salir, no sabe uno desde dónde las profiere), desconocer los desniveles de las veredas y las señas del tránsito, necesidad imperiosa de una guía que indique a dónde lleva cada línea de colectivo. Como no hay guías para estos casos (y aunque las hubiera, serían ilegibles), como el aturdimiento y la mescolanza de sensaciones impiden procesar bien las informaciones y como no hay posibilidad de rewind, la primera lección que se recibe al salir de la armadura es ésa: hay que aprender a ser extranjero, afásico, desubicado, un perdido en el mar de lo que siempre existió pero uno no se había enterado, o se enteró sólo a medias o por lecturas o referencias, pero que no era lo mismo ni por las tapas. E ir encontrándole el gustito. Eso: encontrarle el gustito al estar perdido, al no ser nadie ni nada. Entonces uno se da cuenta de que definitivamente salió.
cuatro. No es que en la piel hayan desaparecido las marcas del prolongado contacto con la armadura, son tantos años, ni el acostumbramiento a la clase de movimientos que la estructura del aparato permitía y/o facilitaba hacer, ni de la memoria quedó borrado nada de lo que a lo largo de los años se aprendió gracias a que uno contaba con el instrumento adecuado. Está, está. Pero ya no manda: se puede mirar todo ese patrimonio, toquetearlo, evaluar hasta dónde puede seguir siendo útil y hasta dónde no. Y, de todos modos, va a estar siempre, así que para qué hacerse problemas. A la manera de un pentimento, la armadura sigue actuando, pero ya es parte de otra cosa, o a la manera de los tramos de adn que nos recuerdan que seguimos siendo monos o reptiles y nunca dejaremos de serlo.
cinco. Claro que en algún momento, más temprano o más tarde, uno termina descubriendo que se ha construido una nueva armadura, en algunos aspectos parecida a la otra, o que está en proceso de construírsela. Es inevitable, al fin y al cabo uno no es tan tonto, no va a renunciar así nomás a las ventajas de la técnica, ni podría, ni nadie es capaz de meterle en la cabeza la idea de que se puede andar por el mundo sin instrumentos de protección. Pero en el medio entre una armadura y otra estuvo el placer de moverse sin rechinamientos, ser capaz de sorprenderse, no tener que cuidar el paso para adecuarlo a las articulaciones y a la previa programación de movimientos posibles. Saber cómo eran las cosas del otro lado de la cubierta protectora. Valió la pena.
seis. Se formó sola la nueva armadura, o uno la construyó sin darse cuenta, fue haciéndose alrededor como una segregación de la piel, acaso como reacción de la piel a los nuevos estímulos ambientales y quizá en combinación con los componentes químicos de las atmósferas con los que uno no se había contactado. A la manera de un proceso natural se fue formando, como les sale una nueva piel a los insectos y las serpientes, pero hay que reconocer que ésta es más liviana, más flexible y sencilla, ha incorporado a su memoria muchas de las virtudes de andar a la intemperie, y es también más sagaz y despreocupada. No deja de ser, sin embargo, una armadura, pero queda la esperanza –no por nada uno hizo la experiencia– de en cualquier momento sacársela, y de que va a ser más fácil que antes, sabiendo también, casi gozándolo por anticipado, que una armadura más va a configurarse, si antes no viene la muerte, ante la cual ninguna armadura sirve.
siete. Todo está bien, todo está bien. O todo está mal pero no importa. O vaya a saber cómo está. Pero esa nostalgia que a uno a veces le viene de la armadura vieja, tan bien hecha que estaba, tan buenos momentos que a uno le dio, tan seguro como uno se sintió al ir viéndola armarse, tan lindo que era buscar los componentes en los lugares más diversos y articularlos, ver si sirven o no, comprobar el efecto, registrarlo, ir gratificándose con la satisfacción de la obra. ¿Fue buen negocio invertir tanto para construirla y después dejarla ahí tirada? ¿Dónde andará herrumbrándose, pobre? ¿Dónde andará el que yo creía que era cuando era lo que ella, la armadura, me hacía ser? ¿Y ahora quién podrá defenderme?
August 22nd, 2005 at 12:25 pm
Antes que nada mi sincero beneplácito por la incorporación de Daniel Freidemberg al staff de Kaputt.
“…..Claro que en algún momento, más temprano o más tarde, uno termina descubriendo que se ha construido una nueva armadura…”
!Que poco duramos sin armadura!. Esa parte lo dice todo, al tiempo de andar en cueros se va formando otra, se pegan materiales de la nueva atmósfera y no evitamos fabricarnos una nueva, tal vez menos rígida que la anterior pero armadura al fin. Parece que andar en cueros no es apto para sobrevivir mucho tiempo en ninguna parte, y la condena será un proceso cíclico de fabricarnos y quitarnos armaduras cada vez más delgadas…
Tino
PD: A esta altura estoy por fundar el AMCOK ( Asociación Mundial de Commenteros de Kaputt ). Se reciben adhesiones… , timidamente me postulo para la presidencia ;-)
August 22nd, 2005 at 12:47 pm
notas a la armadura:
me gustó eso de desarmadurar, o armadurar, me suena a que la armadura después de todo no es tan dura, que resultó ser una suerte de proceso orgánico que se genera y regenera de acuerdo con las necesidades del usuario y terminan siendo, cáscara y carozo, partes de la misma fruta que… armadura continuamente (del verbo armadurar, yo armaduro, tu armaduras, el armadura, o desarmadura).
ahora ojo con perder una tuerca porque algo así podría acontecer:
(con perdón por la interventromisión)
No ha mucho tiempo –ayer– andaba yo agostando veredas de arrabal,
(de profesión costumbres tengo plañideras)
cuando topéme con un bruno caballero:
como torres sus brazos,
oscuras las pupilas
tras la hendija entreabierta de su yelmo,
tan largas y abundosas tenía las pestañas
que sombras
negras
derramaban en su rostro.
Alto lo vi:
indiferente
hermoso.
Me dije:
“Ese es el hombre, debo hablarle urgente”.
Así que desta suerte
apropincué mis femeninas artes,
le susurré de azúcar
palabras al oído:
y hete aquí
que el pobre
anonadado
o sorprendido
huyó en rocín vertiginoso
hacia otros
lares.
Clin-que-te-clank
cantaban del caballo los herrajes
(eran de lata ambos: el pingo y la armadura del hidalgo)
Clin-que-te-clank
mis ojos en goteras convertidos
(preciso me era dar con fontanero
que emparchara raudo
de pérdidas los orificios)
Clin-que-te-clank
lo divisé partir allende el horizonte
y sola quedé
yo en mis merodeos,
cuando la tierra en charco inmundo
se abrió bajo mis pies y
¡zaz!
caíme de culo contra el suelo.
Despatarradas mis partes,
quejumbrosas no obstante el almohadón que Dios me ha concedido,
ahí la vi,
la diminuta roldana malograda.
“Indudablemente escapó de la armadura.
Encontrarlo es menester al caballero
y devolverle pronta
la tuerca que le falta
que si no,
pudiesen de muerte herirlo sin remedio.
¡Oh Señor mío!
abandonarlo a fenecer
no debo”
Partí en su busca y aún no lo he cruzado,
ha de andar bruñendo soledades
con su lanza,
su cota
y su morrión sin tuercas desvelado.
Lo sueño y paréceme real
tal mandarina
que perfumada y de semillas rebozante
me ofreciera, dadivoso, el verdulero.
Pero no:
el caballero no aparece.
Temo que no hayan sido más
que argucias hueras del destino:
el hidalgo no existe
o lo he imaginado.
Así en amores
es mi desatino.
August 22nd, 2005 at 2:55 pm
Hermoso texto. Me generó una increíble identificación. Como un dejavu, como si lo hubiera escrito, o mejor dicho, lo hubiera escrito si me decidiera a escribir, si pudiera hacerlo tan bien.
Gracias
August 22nd, 2005 at 4:35 pm
Tino: Me postulo para la vicepresidencia del AMCOK, a la que por supuesto renunciaré en su debido momento con la constancia bloguera que me caracteriza, para proceder de inmediato a inventar otra cosa.
Daniel y Jimena: un fantasma recorre esta página… es el fantasma de Don Quijote, más benigno que el de Darth Vader.
¿DesAr-”madurando”-se?
Genial todo. ¡¡¡Qué nivel, qué niveeeel!!!
August 26th, 2005 at 3:36 pm
“Desarma-durando”, también (y “si antes no viene la muerte”).
August 28th, 2005 at 3:52 pm
ah… habrán estado leyendo “El caballero de la armadura oxidada”?????
No, no, no creo que dediquen su tiempo a tan trivial literatura…
Hermoso poema Jimena, totalmente identificada estoy!!! Tremendo!
Ahorita, como el Chapulín Colorado no viene, voy a juntar tuerquitas…