apropiaciones
Comedia. Una comedia termina siempre bien porque no se sigue contando la historia. Toda comedia de la cual se siga contando la historia termina mal. Hay una frase muy linda de Walter Matthau: en un homenaje a Billy Wilder, él dice que Wilder es un hombre que tiene una visión totalmente desesperada de las cosas, todo lo ve de una manera negra y todo eso lo pone en sus películas, y sin embargo en sus películas nos reímos mucho, porque para él la situación es desesperada pero no es seria.
Realismo. El problema del realismo no es tan simple. “Hay que terminar con el realismo” dicen, pero ¿qué realismo, quién es realista en el siglo XX? ¿Joyce es realista? Sí, Proust también, Musil es realista, Faulkner es realista. Son todos realistas. Pavese es realista, Gadda es realista, pero en ninguno de esos escritores la visión de la realidad que nos proponen es la misma, y son escritores totalmente diferentes entre ellos. Yo veo la realidad como un problema, no como una cosa que ya sé cómo es. Si ya sé cómo es la realidad, para qué me voy a poner a escribir. La realidad es un concepto problemático, y yo pienso que la literatura tiene que reflejar el carácter problemático de ese concepto. No la concepción lineal del realismo clásico, que en su momento tuvo su valor, por supuesto, y que tampoco fue nunca, en los grandes escritores, demasiado lineal. Ese concepto lineal de realismo no es operativo en nuestra época, en la que sabemos que hay una gran complejidad en las relaciones del hombre con el mundo.
Realismo II. Pienso que toda literatura que concibe su materia como una cosa problemática va a ser interesante. Sin dogmas, sin simplismos, sin preconceptos, sin estéticas dogmáticas tampoco, sin estéticas programáticas. Y además, al mismo tiempo, me parece que en la creación literaria existe un elemento irracional, que es incontrolable, donde hay una parte del texto que se inscribe a sí misma, sin la intervención del autor.
Nouveau tilinguisme. Hay gente que dice que hay que escribir para el mercado, que hay que aprovechar la televisión como medio de difusión, toda una serie de cosas, que a esta altura conforman una especie de actividad social y mercantil. Que los escritores jóvenes piensen eso de la literatura me parece bastante tilingo, superficial, inapropiado… En todo caso, los escritores que a mí me interesan no los leo por frivolidad ni para parecer culto, sino los leo porque forman parte de mi propia experiencia de vida y, si la literatura y el arte no sirve para eso, no sirve para nada. Simplemente para que hablen de uno por la radio, por la televisión, o para ganar dinero más vale hacer otra cosa, hay que hacerse cantor de rock.
TV. La televisión es una cosa neutra, es una aplicacion práctica de la mecánica ondulatoria, de la física de las ondas, que ha sido apropiada por sectores de poder. Es que la televisión entra en las casas, no es como el cine: para ir al cine tengo que pagar una entrada, tomar una decisión. Mientras la TV está funcionando 24 horas por día en la casa y los chicos, y las personas que no tienen otros recursos culturales o económicos, están bombardeadas por un discurso decidido por señores que sólo tienen la rentabilidad y la influencia del poder como objetivo en la vida.
TV II. La televisión está bien, pero para gente advertida. Por ejemplo, En la cama con Moria Casán es un programa que está muy bien pero sólo para los lectores de Wittgenstein, porque la información que da la televisión hay que decodificarla todo el tiempo para saber qué está diciendo… ¿En qué consiste una información del televisor? En dos o tres imágenes que no muestran nada, que muestran un muerto, si son más espectaculares mejor, y en un comentario que dura a lo sumo un minuto o dos minutos, eso es todo, y la gente cree estar informada, pero está informada de los títulos, es como si le dieran títulos, porque no hay ninguna confrontación de argumentos. Bueno, el tiempo en televisión es dinero, además, y más corto. Las películas están cortadas para pasar avisos publicitarios. ¿Por qué yo tengo que tener en mi casa durante todo el día los avisos publicitarios de un señor que me quiere vender cosas que a mí no me interesan? Es una idea de la libertad vinculada al liberalismo, de que todo es posible, de que todo el mundo es libre. Lo que es totalmente falso, porque nadie elige los programas de televisión, los que eligen los programas de televisión son los tipos que tienen la manija.
Imágenes. El problema con la imagen es que es tautológica. No es como la palabra, la palabra es analítica. Vos ves una imagen en televisión, le podés poner diez textos diferentes, cualquier imagen, la que vos quieras, le cambiás el texto y la imagen significa otra cosa. Ponés un hombre y una mujer que están hablando y hasta que vos no digas algo, que el lenguaje en forma analítica exprese lo que está ahí en la imagen, esa imagen no tiene ningún valor. Que estén en cualquier actitud, pueden estar rezando como cogiendo. La imagen no expresa nada, es tan opaca como el mundo, es tautológica, tenés después que analizarla a través del lenguaje para entenderla. Y ahí pasan las imágenes por segundos una detrás de la otra, es evidente la diferente actitud ante la televisión y el libro. Y el libro es lo último que queda. Porque también ya la pintura y la música se usan como entorno sonoro, entorno visual. ¿Qué va a sentir uno frente a un cuadro como la Gioconda si la ha visto tantas veces? La música es igual, vas a un shopping y te están pasando música barroca, o jazz o cualquiera y vas a ver un strip tease y a la mina que se va a desvestir –lo que es maravilloso– le ponen música de Bach. Eso con la literatura no puede pasar, tenés indefectiblemente que aislarte, entrar en silencio, concentrarte, te exige un esfuerzo, estás mucho más alerta. Después que te lean mil personas en lugar de cien mil no tiene ninguna importancia.
Pensar. Para poder pensar necesitás instrumentos. Necesitás elementos. Nadie nace sabiendo y cultivarse es una forma de mantener alerta la sensibilidad, la inteligencia, la imaginación, las emociones, los sentimientos, las sensaciones. Bueno, el arte ayuda a todo eso. Yo no pretendo que todo el mundo sea artista ni que todo el mundo lea libros, pero que le den por lo menos a la gente la posibilidad de cultivarse, para conocerse a sí mismos un poco mejor, para saber en qué mundo uno vive realmente, porque la gente no se da cuenta del mundo en que vive, vive en un mundo imaginario, irreal.
Poesía como política. La experiencia poética es política, en este sentido: cuando una persona está, digamos, alerta a su propia vida interior y al mundo que la rodea –como en el caso de una poesía que está buscando, digamos, una explicación a las cosas, una ubicación del hombre en el mundo y todo eso–, hay una actitud política. Es decir, hay una especie de madurez para las relaciones en la sociedad que sólo se da a través de eso… Por ejemplo, hay un fenómeno que no sólo se produce en la Argentina sino incluso en países desarrollados, industrializados como les llaman (que antes llamábamos capitalistas, y antes colonialistas). Y es que la gente vota contra sus propios intereses. No significa que todo el mundo tenga que leer poesía y tenga que estar yendo a exposiciones sino se trata de no perder la capacidad de discernimiento, entonces no votan porque hayan pensado las consecuencias de los programas políticos (que de todos modos dicen cualquier cosa, por ejemplo Menem, que hizo toda su campaña en base al salariazo), votan a un tipo porque va a bailar el tango con no sé quién.
Escribir. No escribo para salvar a la humanidad, lo hago porque me gusta escribir. Si no escribiese, no sé qué haría. Escribir es un poco lo que le da un sentido a mi vida. Lo hago para salvarme a mí mismo, y bueno, después si me leen o no me leen… yo he escrito cuando me leían y cuando no me leían. Me habría gustado que a aquellos libros les prestaran un poco más de atención porque de esa manera, cuando hay un reconocimiento exterior, uno siente que finalmente no se está equivocando tanto, eso es todo, pero seguía escribiendo igual.
Extrañeza. Cada vez es más grande el sentimiento de ignorar en qué lugar estamos y cuál es nuestra propia esencia, y a medida que uno crece se va dando cuenta de que es imposible develar ese enigma. Cuando uno es joven cree que evoluciona hacia la sabiduría, ¿no? y en realidad va evolucionando hacia cada vez mayor oscuridad y finalmente a la oscuridad total. Pero creo que esa extrañeza frente al paisaje, frente a las cosas, frente al mundo, es una especie de constante en la literatura argentina. Está en Sarmiento, un poco disfrazada por su voluntarismo político y social. Está en el Martín Fierro de una manera casi constante, hay estrofas puramente descriptivas pero que tienen un inmediato sabor metafísico: “viene uno como dormido/ cuando vuelve del desierto/ veré si a explicarme acierto/ entre gente tan bizarra/ y si al templar mi guitarra/ de mi sueño me despierto”. Hay imágenes en las cuales Hernández se desvía de la intriga para abocarse al paisaje, a los tiempos muertos de la historia, a los estados de ánimo de los personajes, donde aparece mucho la extrañeza. La imagen que nos deja el Martín Fierro es siempre la de una acción que se desarrolla en un inmenso vacío. Eso, por supuesto, se debe a la imagen de vacío que da la pampa, pero ese teatro donde se desarrollan las escenas de la poesía gauchesca, y sobre todo del Martín Fierro, se parece mucho al escenario del teatro metafísico de Beckett, donde también estamos ante una escena totalmente despojada y ante los soliloquios de personajes que evocan sus aventuras y sus desventuras.
Afirmaciones. Ya sabemos que el que sabe demasiado quién es, está equivocado. Para mí, los discursos afirmativos son siempre falsos. Por eso hay un problema tan serio con el pueblo judío en este momento: es evidente que el pueblo judío tiene derecho a afirmar su identidad, puesto que estuvo a punto de ser exterminado, con la complicidad de mucha gente que no participó pero lo admitió como una cosa natural. Pero su autoafirmación tiene que establecerse en lo relativo: los problemas se estaban arreglando en Israel cuando Rabin y Peres estaban en el gobierno y entendían que eran un pueblo más en la región; Netanhyau, en cambio, cede a las presiones de la derecha israelí que justamente se caracteriza por esa excesiva autoafirmación. Es un ejemplo interesante de cómo el discurso afirmativo puede desvirtuar una causa y de cómo su exageración lleva necesariamente al autoritarismo.
Vanguardia. Tengo una visión vanguardista de la literatura, pero es un vanguardismo sin vanguardia y se podría decir que tal vez sea una visión un poco anticuada de la literatura. Pero eso no es algo que me preocupe, porque creo que es una visión operativa. Lo digo a posteriori, no me estuve planteando si iba a ser operativa o no, pero, aunque sabemos que es un poco más vieja, algunas décadas, que la visión de hoy –que por otro lado no sabemos cuál es– me parece que es operativa y que la otra no lo es porque todavía no ha dado ninguna obra importante, y me parece además que esta visión engloba muchas cosas, incluso una posición posmoderna pero seria, podríamos decir. Si puede existir, ¿”posmoderno serio” no será un oxímoron?
Soledad. A veces me siento solo en mi actitud, pero el sentimiento de trabajo bien hecho es un sentimiento de plenitud. Me hace sentir solo, sobre todo, en Europa. Porque en Europa hay una especie de discurso posmoderno institucionalizado, ya casi no hay debate literario. A veces en el diario Libération hay un poco de sacudida, pero poco. Le Monde es de un conformismo rastrero y aburrido, uno se indigna con languidez leyéndolo, porque ni siquiera dan ganas de tirarlo contra la pared, como a veces puede pasar con Página 12.
Enseñar literatura. Cuando enseño literatura no digo una sola palabra en la que no crea, pero lo hago en un discurso un poco más amplio, porque estoy ante gente a la cual tengo que dar elementos históricos y sociológicos, para ubicar un poco a estos chicos. Pero cuando hay que hacer análisis de texto siempre empiezo por lo más difícil, agarro el poema XXIII de Trilce, se lo pongo en la mesa y digo “si analizan esto –y lo van a analizar, porque no son idiotas– se van a sacar de encima todos los prejuicios que tienen y toda la tontería que aprendieron en la escuela secundaria, y después van a poder analizar todo el resto, sin ningún problema, lo van a poder hacer por teléfono desde su casa, no van a necesitar venir a la universidad”.
Escribir y enseñar. Tiene que ver en el sentido de que casi siempre trabajo sobre textos que me gustan, y si es posible que me gustan mucho, lo que transmite cierta convicción a mis clases. Después de las pequeñas concesiones históricas y sociológicas que hago para ubicar a los estudiantes, cuando llego a los textos trato de hablar como si lo hiciera conmigo mismo, y ahí empieza a hacerse un poco más creativo para mí el trabajo y voy registrando cosas que no había pensado antes, que el discurso mismo me lleva a pensar. Al mismo tiempo que voy viendo aspectos nuevos de las obras que analizo, estoy viendo posibilidades para las cosas que estoy tratando de escribir. En ese sentido, me viene bien.
Literatura. Podríamos decir que la literatura es la perspectiva a partir de la cual veo todo lo que hago. Incluso en mi vida personal veo cosas que usaría para la literatura, otras no. Lo que no tiene nada que ver con el aspecto confesional: hay cosas en mi vida que me parecen más aptas para hacer literatura, sólo en algunos pocos casos no me parece ético usarlas, muy pocos. Es como si estuviese sentado con un cuaderno abierto viendo mi vida toda y qué es lo que puedo poner en ese cuaderno o no. Por supuesto que pasan muchas horas sin que piense en el asunto y a veces días y semanas enteras, pero siento que siempre eso, aunque no se haga consciente, está muy presente. No tengo vergüenza de decir que para mí la literatura ocupa un lugar importante. Para Cortázar, por ejemplo, la vida era superior a la literatura. Es una ingenuidad total, yo no sé cuál es la diferencia entre la vida y la literatura.
(trozos tomados de la desgrabación de dos conversaciones con Juan José Saer, parcialmente publicadas como entrevistas en 1992 y 1997)
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Muy estimulante lo de que “la experiencia poética es política” y lo de asimilar el espacio del Martín Fierro con los escenarios de Beckett. Gracias por compartir estos fragmentos.
MUY BUENO Freidemberg; una joyita. Se las hiciste vos las entrevistas?
Sí, daba gusto conversar con él. Lo que me pasó es que cuando se murió Saer tomé las dos desgrabaciones completas y se las mandé a algunos amigos, a modo de homenaje. Y ahí recordé que, además de escribir extraordinariemente, el turco pensaba muy bien, y me dieron ganas de que se conozca más lo que pensaba.