Cualquier excusa es buena pero más excusa es una navidad que al fin de cuentas es una celebración instituida por el catolicismo, así que para la enorme minoría que no se siente católica ni a pesar de haber sido bautizada y confirmada, digamos que la navidad no es más que una excusa perfecta (por lo vacua, por lo inútil, por lo colectiva y por la banalidad de un festejo que no festeja nada) para acometerse a la difícil tarea de descorchar un champán. Con lo que cuesta, además.

Aquí algunos consejos de un conocedor para hacerle un poco más llevadero el asunto del “pum para arriba” y “veamos quien se casa”, siempre tan estúpidamente irrisorio porque al que le toca casarse ya está casado o en su puta vida va a conseguir ni siquiera alguien que le sonría una única vez y a la pasada (en esta última categoría podríamos afirmar que entra casi toda las huestes literarias locales, pero como carecemos de pruebas al respecto y le tememos a los juicios por difamaciones e injurias, preferimos no decir absolutamente nada).

Primero: absténgase de mirar el corcho desde arriba.

No queda bonito celebrar con un ojo negro y mucho menos bonito queda si le acierta a su propia mandíbula, salva el ojo pero antes de brindar queda tendido como si se hubiera encontrado con un émulo de Mike Tyson en una esquina y no hubiera tenido mejor idea que discutir por esos pocos billetes que usted llevaba en sus bolsillos. En cualquier caso no es un buen modo de celebrar, y no es un buen modo porque todo el mundo va a pensar que sus ronquidos son poco elegantes para una navidad y que usted es un idiota de esos que se emborrachan sin probar una gota de alcohol. No hay nada más triste que comenzar el año asistiendo a una reunión de Alcohólicos Anónimos, más que nada en el caso de que usted sea abstemio y todo haya sucedido simplemente porque no tenía idea de cómo abrir esa botella.

Segundo: absténgase también de apuntar a un comensal, no sea boludo.

Ni a su suegra ni a su sobrinita que este año se puso bárbara. Si usted además quiere pasar por un experto le recomiendo lo siguiente: tome la botella con su mano izquierda y el corcho con su mano derecha. Puede pararse y utilizar además las dos piernas para aprisionar también la botella, no queda mal un gesto de barrio en un tipo como usted, que claramente hace rato que se fue de su barrio. Eso quiere decir que además de ser un tipo exitoso, usted jamás olvidó sus orígenes. O que nunca cambió sus peores hábitos, en cualquier caso no es más que un gesto simpático. Con la derecha (en el caso que usted sea zurdo puede cambiar de mano, lo importante es que use su mano más hábil y su brazo más fuerte para trabajar y sostener el corcho) vaya girando y presionando la cabeza hacia arriba. A la cabeza del corcho me refiero, no a la suya que va a quedar como realizando una morisqueta rara y después la gente es mala y comenta. Sostenga el corcho, permítale que respire y déjelo salir. Normalmente el corcho tiende a salir solo porque el gas del líquido lo ayuda. No deje disparar el corcho, sosténgalo, transmitirá una imagen de poder. Queda muy bonito un chorro liberador pero no abuse, no agite la botella, deje semejante acto de mal gusto a los automovilistas cuando llegan a un podio, que por eso son lo que son: gente que vive entre los fierros y engrasada. El chorro liberador es muy difícil de conseguir, es una demostración sutil de conocimiento enogastronómico. Recuerda a la lava de un volcán y a lo que usted le haría a la vulva de su sobrinita si ella se descuidara. No abuse, basta en golpe mínimo pero seco al culo. El culo de la botella, inútil, olvídese de su sobrinita.

Tercero: la elección de la botella como materia razonada.

Jamás un “demisec” o un “rosé” o un (¡vade retro!) dulce. Si le gustan los dulces confórmese con el turrón, el Champán debe ser “cuvee nature” o traducido, “cepa natural” En su defecto, se puede aceptar un “Brut” o un “Extra Brut”, el champán debe necesariamente ser seco. No amargo, pero sí seco y los secos que existen son esos. Si usted no está de acuerdo, no tire su dinero y brinde con Sidra o con Fresita o con Coca Cola e inmediatamente déjese de romper las pelotas.

Cuarto: evítese quedar como un snob.

Que ni se le ocurra llenar las copas con una pirámide o alguna otra tontería vista en una película. Lo único que va a lograr es quedar como un inútil que no tiene la menor idea de nada y que su gente más cercana se preocupe pensando en que ya existen elementos suficientes como para decretarle un Alzhaimer o una enfermedad similar, de cualquier modo incurable. Sin saber que la más incurable entre todas las enfermedades incurables, es la estupidez. Basta serlo un día, en un descuido y ya no lo abandonará jamás, créanme, a mí ya me pasó.

Quinto: intente no brindar por obviedades.

Paz y amor en el mundo, es un brindis que puede cagar una botella que vale miles de dólares en el mercado internacional. Sea creativo, impóngase un poco de ingenio aún a la hora de evacuar un deseo, caso contrario puede tratarse de una simple diarrea. Deseo que mi sobrinita me la chupe durante todo el primero de Enero es un deseo verdaderamente válido, que quedaría muy bien en caso de que su sobrinita pueda escucharlo. Inténtelo si tantas ganas tiene, intente también que ni su mujer ni su cuñado se enteren porque, quizás, se le pueda complicar un poco el resto del año.

Sexto: sea sabio, no consuma marcas.

No tiene nada que ver con marcas, vale todo aquello que resulte suficientemente caro como para que uno no pueda pagarlo. Baron B es de lo mejor que se puede conseguir allá, valga como consuelo que acá vendría a ser algo así como lo peor. Una marca cara que no vale lo que cuesta. El consuelo es mío claro, el que está acá soy yo y usted, si quiere volverse un sibarita de mi nivel, no le va a quedar mas remedio que asaltar un banco. Otro buen deseo: que mi compañero de celda sea bonito y se bañe seguido. Uno nunca sabe cuando puede necesitarlo así que, por las dudas, mejor desearlo desde ahora.

Séptimo: mis propios deseos navideños.

Es hora de que reconozca que todo el resto fue un inútil rodeo para aproximarme a esto que tanto me gusta: tengo, como casi todos, deseos públicos y deseos íntimos. Pierda las esperanzas, aquí sólo van a ir mis deseos públicos: deseo que todos, todos nosotros, los que tenemos que ver de un modo u otro con la literatura argentina, aprendamos a ser un poco menos pelotudos. Que nos permitamos, por una vez discutir en serio, sin chicanas personales, poniendo en juego conocimiento, intuición y deducción pero sin caer irremediablemente en las bajezas de todo tipo a las que solemos apelar. Deseo que al próximo que se lo acuse de plagio, se evite a sí mismo la estupidez de excusarse en una “operación en su contra”. Deseo que en Las Casas y Av. La Plata, alguien se dedique realmente a escribir y deje de elaborar cuentitos para infradotados y declaraciones para que lo aplauda la hinchada. La hinchada nada conoce sobre literatura, le basta con conocer sobre fútbol. Deseo que la próxima vez que podamos instalar una polémica en este espacio que conseguimos con tanto esfuerzo de tanta gente tan mediocre como yo, nosotros todos, vos y yo incluidos, podamos demostrar y demostrarnos que aprendimos aunque sea a ser un poquito menos estúpidos.

Un poquito el próximo año y otro poquito al año siguiente, sería la idea.

Deseo más que todo esto, pero el resto prefiero comentárselo sólo a mi sobrinita.

 

5 Responses to Consideraciones para la hora del champán

  1. Gusnielsen says:

    Felices fiestas para todos.

  2. Omar says:

    Piglia no piensa, seguramente, lo mismo. Jé, jé, y recontra jé.

  3. Miguel says:

    Mis deseos públicos: Felices fiestas a todo el staff de Kapput, y también a los Comentadores de Kapput, que hacen que los textos se expansionen por dentro, sea en la “mediocridad” o en la pirueta intelectual nuestra de todos los días.
    Por la “literatura argentina”, no pongo los dedos en el fuego, me parece que más bien hay que ponerlos sobre el teclado y sacar afuera lo mejor que podamos producir (me parece que eso yo lo dije, ¿no?) Sobre poner las manos en otro lado, como bien dice Daniel, ya es meterse en los deseos íntimos, y si uno los dice, no se cumplen. Ojo.
    Deseo que puedan desarrollarse las editoriales argentinas, nuevamente. Que Piro pueda editar “The Original of Laura”, con una excelente traducción y con un sensato corpus crítico, que yo me ofrezco a realizar. Que los concursos, medianos y grandes, sean más responsables (no digo transparente, porque no dejarán de ser cajas negras.) Deseo poder editar mi novela tradicional en formato tradicional, aunque algunos buenos muchachos, tengan fundados argumentos de la inutilidad de tal “gesto”. Y en cuanto a las discusiones, bueno, yo me entretengo mucho con ellas; a veces me hace pensar, a veces me desalientan. Pero les aseguro que es más de lo que se hacía en Filo por mis años de cursada.
    Deseo que la literatura se enriquezca, que la crítica se afile, y que los adolescentes lean más. Hay ahí una trinchera maravillosa, al borde del heroísmo, y son muchos los caídos, pero hay que apuntar en ese lado. Son los lectores futuros, son los que podrán juzgarnos con más sensatez y sentimiento.-

    Un abrazo a todos.-

  4. Miguel, yo te deseo que puedas editar tu novela tradicional en formato tradicional y comparto casi todos tus otros deseos, pero mas deseo que todos logremos dejar de pensar en términos antagónicos: que no sea más una elección entre libro o digital, que por una vez sea todo, todito y todo para nosotros.

    Felices fiestas para todos.

  5. Tino Hargén says:

    Miguel, dale con la novela que me comprometo a hacerte una critica de 300 páginas

    Feliz Navidad a todos!

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