Maldito invierno en Winnemuca

Posted by Carlos Bernatek on July 31st, 2005 filed in Artificialia

Por Carlos Bernatek

Yo era muy pánfilo a los veintitrés años, a pesar de mis largos viajes, de mis variadas lecturas, y de las picardías que había hecho y visto hacer. Fue más lento mi desarrollo moral, que mi desarrollo intelectual.

“De cómo el hambre me hizo escritor”, Lucio V. Mansilla

Mira a quién más vengo a encontrar… si apenas piso este condenado pueblo y se aparece el bueno de Joe Blondell ¿Cómo estás viejo? Choca esos cinco. ¡Cuánto tiempo sin verte, Joe! Tomemos algo, anda, como en los viejos tiempos. Hace calor hoy, pero ¿te acuerdas de aquellos inviernos en Winnemuca, Joe? Oh, esos sí que eran fríos, ¡con un demonio! Tú allí temblando, haciendo carantoñas… ¿recuerdas, Joe? Si me habré congelado en esta maldita pocilga… No había modo de calentarse aquí. Suerte que la teníamos a Linda, ¿eh Joe? ¿Ya no te ríes, bandido?

¿Recuerdas a Linda Hutchins, la hija del viejo Rosty, el porquerizo? ¿La recuerdas, Joe? Cómo no la has de recordar si morías por esa coqueta. Anda, Joe: haz memoria, tú y Linda en el granero de los Jackson… vamos, Joe… sí tú, gran pillo. Es que esa Linda se las traía con esos pechos y esa cara de ramera. Y tú eras el último joven virgen de todo el condado. Veintisiete años virgen, si te la habrás meneado, cabrón.

¿Recuerdas Joe esa canción que te habían hecho los Hicks, esos tunantes de las colinas? ¿Cómo decía? Ah, sí, ya la recuerdo: que no te quitabas los guantes para masturbarte así no se te ampollaban los dedos, qué gracia tenían aquellos taimados Hicks.

Oh, Joe, si te habremos empujado para que cortejes a la muy perra, el tuerto Nathan y Ronnie Peabody, y el menor de los Hicks, ese demonio de Johnny. ¿Recuerdas, Joe, aquel invierno? Era bonita la pradera helada en Winnemuca, pero solamente en las fotos. Porque aquella vez, para que no tuvieras excusas, hasta te habíamos encendido la leña en la estufa para que Linda no te diera calabazas y aceptara ir al granero. Oh, Joe, tú eras tan mentecato entonces que esa niña te habría violado de todos modos. Y peor era en los veranos, cuando ella andaba de aquí para allá sin tanto melindre y medio desnuda por el río. Creo que hasta el viejo Swanson, el que perdiera la pierna en la guerra, ya había retozado con ella en su canoa. Él y otros cuatro o cinco veteranos, todos con alguna horrible mutilación, le habían juntado unos pocos dólares para reponer sostenes. Esa Linda vaya que no tenía problemas, la muy puerca, iba con cualquiera, qué muchacha, ¿eh Joe?

Recuerdo la noche que veníamos del baile de los Henderson en Tahoe Lake; todo Winnemuca había asistido a la fiesta. Y bebimos como cubas con aquellos pelafustanes campiranos. No debe haber quedado una sola botella de brandy, ni tequila, ni siquiera una miserable cerveza sin que la vaciáramos por completo. Era ya de día cuando regresamos y encontramos a esa perra de Linda en el arroyo Spencer, lavándose las bragas cochambrosas. Y allí mismo los diecisiete la poseímos a cambio de un guisado de frijoles viejos que había quedado en el carro de Larry Connors. Oh, sí, qué bellas épocas, Joe. Qué buena fue nuestra juventud en Winnemuca, cuánta nostalgia… ¿verdad?

Si nos habremos divertido con esa sucia arrastrada, ¿no es cierto, Joe?

O la vez aquella que el salvaje Donovan le había prometido diez dólares si lograba que se la jalara durante toda una hora. Imagínate: ¡el salvaje Donovan que no tenía un chelín ni en los días de paga y no se bañaba en todo el invierno! Y luego Linda, que no había conseguido sacarle ni un céntimo, corriéndolo desnuda con su rifle por todo el pueblo, y maldiciéndole por su olor hediondo en la entrepierna ¡Qué gracioso, Joe! La pasábamos bien, entonces, ¿no muchacho?

¿Recuerdas, Joe, al leproso Flanagan? Una noche el muy bastardo se llevó a Linda a su cubil, pese a esas terribles pústulas supurantes que no toleraba ni su madre. Y convenció a Linda sólo a cambio de un vestido ñoño de percalina. Luego la golfa le maldijo porque el leproso le había pegado una gonorrea. Y el podrido de Flanagan se negaba a pagarle la penicilina. Ninguna otra perra se hubiera acostado con semejante adefesio. De fábula, viejo…

Oye, a propósito, nunca te pregunté nada de la noche del granero. Claro, hace tantos años que no vengo por el pueblo… sabes de mi trabajo en Avalon, con Claire y los niños, ya casi no tengo tiempo de visitar a los amigos…

¡¿Cómo que se quemó el granero?! ¡¿Con aquella leña encendida?! Te juro que no lo sabía, Joe. ¿Y los Jackson quedaron en la ruina?… Oh, pobre gente. Nada supe, Joe: lo juro. Yo aquella misma noche partí para Durango llevando unos becerros del gordo Clyde Morton. Ah, bueno, pero ustedes, Linda y tú, digo, lograron sobrevivir. Eso me tranquiliza, Joe; a más te veo intacto, hombre; se ve que has aprendido a rebuscártelas con los años, tú mentecato.

No sabes lo bien que has hecho quedándote en esta tierra, amigo. Se extraña mucho a la distancia, Joe. Imagínate: diez años andando por otras comarcas, sin tus camaradas, sin tu gente. Se sufre mucho eso, Joe. Eres un privilegiado en seguir viviendo en Winnemuca, oh sí, a pesar de sus malditos inviernos. En cambio ahora todo parece haber cambiado, Joe. Aquí también ha llegado el progreso: mira los carros modernos, la TV a colores. Claro que también están esos sucios negros, capaces de clavarte un puñal apenas los miras torcido. O esos malditos rufianes chicanos siempre endrogados pudriendo a nuestra juventud. Pero es el precio del progreso, muchacho. Mírate tú, todo un granjero; has prosperado hombre. Recuerda que antes sólo pensabas en meneártela viendo esas revistas sucias, oh Joe, qué gracioso. Estás bien ahora, Joe; te lo mereces: siempre has sido un buen ranchero.

¿Y te has casado? No me digas que aquella hermosa mujer es tu esposa, cabrón. Apuesto a que te has conseguido alguna citadina de Boston o de Frisco, ¿no, viejo truhán? Te las traes callado, ¿no Joe? , tú siempre te las traes condenadamente callado, ¿eh?

Pero, esa quemadura en la cara… oh, no… Joe, maldito sea: siempre has tenido mal gusto con las mujeres. Pero… no me digas Joe que ella es… disculpa Joe… yo no quise…

- Encantado… señora Blondell.


10 Responses to “Maldito invierno en Winnemuca”

  1. omar Says:

    Linda era famosa en el medio oeste: única capaz de realizar una triple penetración, fumando y tomando tequila a la vez. Tan alocada era la guarra, que hasta el reverendo tembló de vergüenza al bendecir la pareja.

    Excelente pelado amigo, aún nos reímos de la ceremonia en las reuniones de la Asociación Nacional del Rifle…

  2. Carlos Bernatek Says:

    Gracias Omar, y pensar que yo creía que Charlton Heston era Moisés, o Ben Hur. Ahora tengo el poster colgado a la diestra de John Wayne (Bobbit). Nunca le voy a perdonar al Gordito Moore esa toma donde Charlton se retira enclenque. Eso no se hace.

  3. baker Says:

    Bernatek, Heston fue Moisés y Ben Hur a la vez. Y el “gordito Moore” lo ridiculizó porque demostró que Charlton también siempre fue un gran boludazo, nada más. Sí, como todo, los boludos se dejan.

  4. Carlos Bernatek Says:

    Baker querido, por tus épocas gloriosas de Cream te lo pido, no destroces así mi fantasía. Dejame en mi mundo de ficción, que ya una vez me prestaron un libro llamado “Para leer al Pato Donald” y no dormí una semana (Hugo, Paco y Luis ¿eran los hijos no reconocidos de Donald?).

  5. gusnielsen Says:

    Grande, Carlos! Saludos.

  6. Genovese Says:

    Eso me recuerda a Hollywood Babylonia. Me bajoneó mal… Pienso que el efecto Moore es del orden de la impertinencia, y no de la crítica. De hecho en su última diatriba “antisistema” enarbola a las madres de los marines como heroínas del pesar americano…

  7. Gerundio Sosa Says:

    Vaya amigo, no sé cómo llegué hasta aquí y aparqué en tu relato, me has hecho desternillar de risa mientras apuro el último whisky en las rocas, oye, a ver si puedo leerte más. Un abrazo.
    Gerundio Sosa

  8. Carlos Bernatek Says:

    Gracias, Gutavo. Un abrazo.
    Y es cierto Omar, el MM es un gordito impertinente, y se va lo más contento porque Wall Mart no vende más cartuchos. Ahora los vende el pibe chicano del estacionamiento…lo único que le falta decir es que creó nuevas fuentes de trabajo.

  9. Xenia Says:

    Vea Don Gerundio (con el esfuerzo que hago en evitarlo), ándese con cuidado con las bebidas, que por aquí está Piro dispuesto a hacerle juicio a cualquier pelafustán que no sepa preparar un Negroni.

  10. Angélica Says:

    He decidido leerte por mi cuenta.Me gusta tu estilo. Tienes desparpajo y te dejas leer con ganas.Quiero mas. Angélica