Texto de antaño

Posted by Edgardo Balduccio on October 26th, 2005 filed in Artificialia

Te (pero un “te” que no te señale directo, que no crea en tus palabras, que no descienda ni se eleve, un “te” oblicuo (quiero decir, que se cruce en sí mismo, que te roce las orejas que no doble en la esquina, oblicuo a tu persona, a mí (y aquí entramos en un terreno más personal, me hiere decirlo, el otro día pensaba en el colectivo cómo sería esta vida si pudiéramos almacenar ese derroche de información que captan nuestros sentidos, cómo sería esta vida luego de años de sostener nuestra piel a la intemperie, qué podríamos regalarle a lo cotidiano (me refiero a lo cotidiano fijo, hay situaciones que nos desesperan día a día porque se repiten, cuando almorzamos, cuando miramos por alguna ventana, cuando llamamos por teléfono a mamá, cuando saludamos al portero del edificio, se repiten, se gastan, se resienten, resultan en un golpeteo eterno en nuestra sien, pum, pum, pum, nos machucan, nos destrozan, un martillo, sí, es un martillo, ése es el eterno retorno que cuando muere se cambia por otro eterno retorno, nos repetimos, nos aniquilamos, no podemos evitarlo (y si se trata de evitar situaciones siempre evito la mirada del vecino, no me cae simpático, lo niego, no quiero su imagen reflejada en mis ojos, cuando pasa observo el cielo hasta que el sol me encandila y repito alguna frase hecha como “qué calor” o doy vuelta la cabeza, no quiero saludarlo, no quiero, una vez lo saludé y estuve todo el día de mal humor, terminé comprándome un libro (somos unos insensatos con los libros, no existe peor manera de perder el tiempo que leyendo los detalles de la nada, es mejor la televisión, por lo menos habla y muestra, las letras son un vicio peor que los Hollywood que fumo a diario, me hacen perder el tiempo terriblemente (un tiempo que ya no tengo, no dispongo, no manejo, no me pertenece, ni siquiera me pertenece mi propio tiempo, mi tiempo pertenece a cualquiera menos a mí, ustedes saben de lo que hablo, díganme que saben qué significa, cada día me siento más solo, menos mal que el colectivo de vuelta viene más o menos lleno, siempre aprovecho para conversar con alguien, pregunto la hora, menciono las inclemencias de los transportes públicos en horarios pico y las señoras me responden, siempre me responden, es terrible, parecemos ganado, a veces es mejor esperar hasta las siete para tomar el colectivo me dicen, “yo siempre espero pero mi cuñado hoy viene a cenar a casa y todavía no hice nada, compraré unas pizzas o unas empanadas”, sí señora, no se amargue, lo que importa es la buena voluntad, ¿no? (la buena voluntad no existe, estamos acostumbrado a categorizar voluntades, siempre pienso eso, voluntad es voluntad, no es buena ni mala (una vez pensé en escribir sobre la voluntad, abrí el Word y puse el título “La voluntad”, se me ocurrieron varias ideas, algunas geniales, inclusive hasta la diseccioné internamente, enumeré los tipos, todo para hacer una gran ironía acerca de la voluntad, un juego, jamás pude escribir ni una línea, a veces es mejor no pensar, no perderse de vista a sí mismo, cuando uno piensa se pierde de vista, reniega de lo que ya existe para inventar nuevas existencias de cosas que jamás existieron ni existirán, se viaja en el tiempo con el pensamiento, se viaja y se corre el riesgo de jamás volver, como esa película del tipo que viajó en el tiempo y se quedó a vivir en otra época, es peligroso)))))) que ya no haya recibido), oblicuo a vos), oblicuo como un rayo de sol desviado por un prisma que reacciona aunque no quiera) quiero.


2 Responses to “Texto de antaño”

  1. werte Says:

    Clap clap clap clap (aplausos).

  2. silvia Says:

    A mí también me gustó, Balduccio, vale la pena intentar lecturas múltiples, como soy adicta a los paréntesis ya estuve probando. Está muy, muy lindo.