Suicida

Posted by Edgardo Balduccio on July 27th, 2005 filed in Artificialia

El balcón del piso decimoprimero donde él vivía podía verse desde la calle. Quizá al principio pasaría desapercibido ya que no se conoce persona que camine con la vista hacia el cielo, pero a lo largo del día, por algún motivo u otro, algún transeúnte miraría y podría descubrirse. Quien estaría arriba, en esa circunstancia, sería él, el suicida, aquel que decidió terminar con lo que halla un tormento, que no halló (o no supo hallar) soluciones para su vida fuera de ese pesar, insoportable sufrimiento. Terror causaría el solo hecho de pensar que esa persona brindada al abismo podría llegar a explotar al llegar al piso, qué imagen regalaría a los curiosos fortuitos de turno que el destino urdió para presenciar tan desagradable y triste escena. Luego las personas se detendrían a observar con terror al prever las consecuencias de una mente perdida, un gran cúmulo de curiosos se agruparía para observar la conclusión del desastre, en su fuero más íntimo esperarían ver algo rebosante de originalidad, un espectáculo circense del que se horrorizarían por fuera pero que ansiarían por dentro mientras rogarían a viva voz para que no acontezca (siempre fuimos contradictorios, decía mi madre), en cualquier caso sería un certero motivo de charla apasionada para la cena familiar de la noche en la que todos se lamentarían por tan terrible decisión (ejecutada o no) de un alma desgraciada; y filosofarían a través del estofado -con carne de puchero y chorizo colorado- acerca de la existencia y de Dios.

El casual testigo de este hecho se sentirá satisfecho por el deber cumplido de llevar noticias a la familia y despertar la polémica acerca de la vida y la muerte, pero esto, sin restar importancia al programa favorito de las ocho, la discusión es sólo para la propaganda, absurda y eterna propaganda para tan poco tiempo de programación. La policía llegaría, cumpliría con su quehacer de acuerdo con lo que dicta el manual de las circunstancias, pondría las vallas para proteger a la gente en el caso de que él, el suicida, decidiera abandonarse al vacío, y a la vez mandaría a algún colega experimentado para disuadirlo de que no cometa el paso crítico y fatal. Él, con pánico, contestará que no desea hablar con nadie, “que por favor se retiren”, siempre fue una persona orgullosa y su decisión, en este punto, es firme e irreductible. En el pico de su desesperación dará el paso mortal, su cuerpo se flexionará por el abandono, el público se transformará en un coro casual a través del que se escuchará un –nunca tan onomatopéyico- “oooooh” polifónico en varias cuadras circundantes al hecho, el policía que hablaba con él se tomará la cabeza (pero no sólo porque el suicida se lanzó, sino también, y en gran parte, por el orgullo quebrado), el incauto sentirá el vértigo de una acera que poco a poco le es más cercana y familiar, y llegado al piso, estallará con cada uno de sus huesos, en una posición grotesca y curiosa a la vez. El tumulto de gente crecerá, los medios periodísticos se harán presentes (excepto Crónica TV que ya estaba), se escucharán sirenas por algún tiempo y se llevarán el cuerpo a la morgue.

Pensada esta escena, cerró la ventana y tomó otra galleta mientras con su mayor seriedad consideraba, que quizá lo mejor, sería tomar las cosas con calma.


2 Responses to “Suicida”

  1. sergio Says:

    si ,no honras tu vida . te suicidas . soy suicida y que.

  2. flaviitas Says:

    estupido

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