San Manuel
Posted by Edgardo Balduccio on July 12th, 2006 filed in ScientificaSiempre pensé (y alguna vez ya lo he expresado por aquí) que el ateísmo es una expresión de fe tan grande como la creencia en algún dios. En su ensayo Mi Religión Miguel de Unamuno plantea este mismo postulado pero desde el lado de la escoja arbitraria en la creencia. Es decir, ante el planteo de elegir si creer o no en algún dios, eligió el sí, pero de una manera tan sobria que plantea que su creencia es por opción, su fe es por opción, él quiere creer.
Al respecto de la novela, Unamuno decía:
En La Nación, de Buenos Aires, y algo más tarde en El Sol, de Madrid, número del 3 de diciembre de 1931 […], Gregorio Marañón publicó un artículo sobre mi San Manuel bueno, mártir, asegurando que ella, esta novelita, publicada en La Novela de Hoy, número 461 y último de la publicación, correspondiente al día 13 de marzo de 1931 -estos detalles los doy para la insaciable casta de los bibliógrafos-, ha de ser una de mis obras más leídas y gustadas en adelante como una de las más características de mi producción toda novelesca. Y quien dice novelesca -agrego yo-, dice filosófica y teológica. Y así como él pienso yo, que tengo la conciencia de haber puesto en ella todo mi sentimiento trágico de la vida cotidiana.
San Manuel bueno, mártir se desarrolla en algún pueblo pequeño de España en el que se cruzan dos hechos, la existencia de un ateo entre todos ellos y la llegada de un nuevo y joven Padre (Manuel) a la Iglesia ante la muerte del anterior ministro. Es una obra que intenta llegar al fondo de las creencias donde se pelean la intolerancia y la comprensión, el entendimiento de que aún pensando distinto, se puede recorrer el mismo camino.
Quizá lo único cuestionable (no estoy seguro de que ésa sea la palabra, en todo caso muevan un poco el concepto para la izquierda o la derecha) es que nuestro protagonista en algún momento de la historia mira al resto desde arriba (si está leyendo esto Don Miguel, corríjame por favor si no es así), su posición de líder natural e impuesto a la vez parece darle la potestad como para tomar las riendas de lo que todos creen y también, de lo que no creen: es un santo y también un demonio, Abraxas, un gran sustentador de placebos apaciguadores de almas.
Un fragmento:
Por todos mostraba el mismo afecto, y si a algunos distinguía más con él era a los más desgraciados y a los que aparecían como más díscolos. Y como hubiera en el pueblo un pobre idiota de nacimiento, Blasillo el bobo, a este es a quien más acariciaba y hasta llegó a enseñarle cosas que parecía milagro que las hubiese podido aprender. Y es que el pequeño rescoldo de inteligencia que aún quedaba en el bobo se le encendía en imitar, como un pobre mono, a su Don Manuel.
Su maravilla era la voz, una voz divina, que hacía llorar. Cuando al oficiar en misa mayor o solemne entonaba el prefacio, estremecíase la iglesia y todos los que le oían sentíanse conmovidos en sus entrañas. Su canto, saliendo del templo, iba a quedarse dormido sobre el lago y al pie de la montaña. Y cuando en el sermón de Viernes Santo clamaba aquello de: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?», pasaba por el pueblo todo un temblor hondo como por sobre las aguas del lago en días de cierzo de hostigo. Y era como si oyesen a Nuestro Señor Jesucristo mismo, como si la voz brotara de aquel viejo crucifijo a cuyos pies tantas generaciones de madres habían depositado sus congojas. Como que una vez, al oírlo su madre, la de Don Manuel, no pudo contenerse, y desde el suelo del templo, en que se sentaba, gritó: «¡Hijo mío!». Y fue un chaparrón de lágrimas entre todos. Creeríase que el grito maternal había brotado de la boca entreabierta de aquella Dolorosa -el corazón traspasado por siete espadas- que había en una de las capillas del templo. Luego Blasillo el tonto iba repitiendo en tono patético por las callejas, y como en eco, el «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?», y de tal manera que al oírselo se les saltaban a todos las lágrimas, con gran regocijo del bobo por su triunfo imitativo.
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