Raskolnikov

Posted by Edgardo Balduccio on July 26th, 2006 filed in Naturalia

Nietzsche definió en su libro El crepúsculo de los Ídolos a Dostoievsky como “el único psicólogo de quien he tenido algo que aprender y que forma parte de los azares más felices de mi vida”. Algunos párrafos adelante continúa: “casi todos los genios conocen como una fase de su desenvolvimiento la existencia catilinaria, sentimiento de odio, de venganza y de rebelión contra todo lo que existe ya, contra todo lo que no está haciéndose. Catilina… la forma preexistente de todo César”.

Raskolnikov, joven estudiante de derecho - y personaje de Dostoievsky en Crimen y Castigo - era víctima del agobio. Si bien la moral es un ente abstracto, a pesar de serlo, encuentra sus límites socializados a través de los valores legados por la tradición judeo-cristiana (Nietzsche la llamaba “una moral de esclavos”). Raskolnikov quiso dar un paso más en su concepción de la moral que absorbió de la sociedad, elevarse por encima del resto de los hombres, y decidió que la manera de hacerlo era a través de un crimen. El crimen no sería contra cualquiera, ni un crimen cualquiera, sino contra una vieja usurera, que de tan vieja, en poco tiempo más, hallaría la muerte inexorablemente: “El crimen es el de esa vieja avara que se obstina en vivir y guardar su dinero, el de ése parásito inmundo y voraz de ese piojo, que vive de sorber sangre a los pobres”. El quería redimirla y redimirse, bautizarla y bautizarse. Quería probarse a sí mismo que sería incapaz de sentir culpa porque estaba haciendo lo correcto; encaró el proyecto con entusiasmo.

“Hoy puede ser un gran día”.

Era un demonio (quería elevarse sobre la moral de Dios) y era un dios (necesitaba dar y recibir redención), una dicotomía que si observamos con detenimiento a lo largo de la historia (y en nuestra historia actual) podríamos percibirla en la totalidad de los círculos de poder a través de sus representantes visibles.

El crimen se produjo, pero con lo que no contaba era con la presencia de Isabela, hermana de la vieja, a la que se vio obligado a asesinar también. Luego de cometido los dos asesinatos, llega a su casa, se acuesta en el sofá, y duerme, y sueña, y se despierta angustiado. Su empresa había fracasado, sentía remordimiento y culpa. El mismo, luego, fue quien se dejó llevar, de a poco, hacia el castigo que creía merecido en Siberia: “quedaban a Raskolnikov siete años de dolor y sufrimiento pero, ¡cuanta felicidad! Estaba salvado”.

Un adolescente de quince años, en Carmen de Patagones, hace dos años mató a tres compañeros e hirió a otros cuatro de los que tres están en estado grave. “Hoy puede ser un gran día” le dijo al portero cuando entraba a la escuela. La historia, con algún detalle a más u otro a menos, es conocida. En el aula sacó un arma con absoluta decisión, y sin titubear comenzó a tirar a mansalva hacia sus compañeros. Era tranquilo y tímido, alguien de quien no podría esperarse nada parecido a lo que aconteció, dijeron los que lo conocen. La historia se repite, Raskolnikov vuelve a intentarlo.

Y lo que muy pocos entienden es que los Raskolnikovs no demuestran que cualquiera puede ser un loco con algún “brote psicótico”, no demuestran que Rafael es un ente aislado de su entorno, un descerebrado con problemas personales, no demuestran que la familia sea culpable de algo “porque le enseñaron a usar un arma de fuego”, los Raskolnikovs no precisan de armas de fuego, con un hacha se bastan.

Lo que sí demuestran, los Raskolnikovs, es que la moral castradora, agobiante y masificante, tal como está planteada en nuestra tradición, tiene un hedor de muerte.

Y, quizá lo más terrible, cada vez huele peor.

Rafael fue sólo un catalizador; a él le tocó el trabajo sucio.


3 Responses to “Raskolnikov”

  1. Lunanueva Says:

    Voy a cometer pecado de marxismo, pero hay ciertas categorías que para mí siguen siendo válidas, y no me importa si están de moda o gozan de prestigio: en toda sociedad, la moral que prevalece es la de sus clases dominantes. Y es funcional a sus intereses. Rafael no es un catalizador, sino una víctima más, de las más trágicas, porque está tan muerto como los que mató.

  2. Edgardo Says:

    Lunanueva: En todo caso se retroalimentan entre sí (y no sólo no lo niego en el texto sino que lo digo), pero creo que en este caso (como en el caso del caníbal alemán, por ejemplo) no tiene que ver con eso ni mucho menos con la moral de los gobernantes. Concedamos que algunos seres humanos consiguen hacer producciones independientes.

  3. lunanueva Says:

    Edgardo: mi comentario apuntaba más bien a esta parte de tu texto: “la moral castradora, agobiante y masificante, tal como está planteada en nuestra tradición”. Ésa es la moral de las clases dominantes, que no es lo mismo que “gobernantes”, aunque tenga relación. Y no pretendía hacer un reduccionismo determinista de las conductas individuales, nada más lejos de mi idea.

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