Hasta que las velas no ardan

Posted by Edgardo Balduccio on June 28th, 2006 filed in Naturalia

Hay ciertas tradiciones, autóctonas, folclóricas, que representan a algún pasado lejano de ciertos lugares. En Argentina existen las fiestas folclóricas donde los gauchos estrenan sus botas, chalecos y sombreros y las chinas se visten de largo con pañuelo en mano para danzar hasta que las velas no ardan. Es notoria esta expresión hasta que las velas no ardan, denota lo antiguo de la tradición ya que antaño no existía la energía eléctrica; la pregunta sería si las velas serían lo suficientemente efectivas a la hora de la ventolina, quizá hubiera sido mejor una expresión parecida a hasta que la lámpara se quede sin aceite. Digamos que es menos romántica, aceptemos la poesía de las velas, la sugestión que ellas producen en un cuarto cálido al lado de un cuerpo caliente y con el encuentro con labios tibios y húmedos. Para no defenestrar nuestra ilusión del todo, imaginemos una fiesta campera dentro de alguna fonda en la que los candelabros tuvieran raíces y se multiplicasen al ritmo de un chamamé, una samba o una chacarera. Claro, las velas tienen una vida útil pues la llama las consume (¿las transforma?) y llega un momento en que dejan de arder: la fiesta llegó a su fin para el desagrado general y especialmente de Tabaré que tenía a la china Lucila en la palma de la mano ante la vista de desagrado de su madre.

Esta idea mucho no me gusta, ni me convence.

Una segunda interpretación sería que las velas dejan de arder pues son apagadas de inmediato por la dueña de la fonda. No es que quiera aguar la maravillosa fiesta campera, sucede que el amanecer ni siempre se hace esperar y los primeros rayos anuncian que la luz natural le ahorrará de una ingente cantidad de cera para la fiesta siguiente. Sí, por supuesto, tiene un cajón en la despensa repleto de ellas y compra una buena cantidad siempre que Don Pedro va a la ciudad, lo que no significa que haya que desperdiciarlas, pues en los últimos dos meses aumentaron lo suficiente como para asustarse (le hace siempre ese comentario a su yerno). En este caso la luz natural anuncia el nuevo día y de acuerdo con nuestro dicho hasta que las velas no ardan, todo el mundo a casa, sanseacabó. Habrá que cargar a los borrachines y llevarlos a la estancia de Don Osvaldo para que descansen en el establo hasta que recobren la conciencia, habrá muchos que están cabeceando en la silla mientras sus manos despiertas sostienen sus cabezas dormidas, la mayoría de las mujeres habrán ido para casa y sólo quedarán algunas solteronas independientes sin la suficiente suerte como para haber llamado la atención de Chicho -el hijo de Don Patricio Serra- que está chulo, chulo. Desde el momento en que los gallos comenzaron a acompañar los bombos (primer llamado de atención) ya todos sabían que se acercaba el momento del fin, los más animados continuaban pidiendo las últimas copas y los más entusiasmados hacían un último esfuerzo para que las chinas los acompañaran a tomar aire fresco. Un poco más tarde la dueña retirará todos los vasos de las mesas, y sólo podrá descansar casi al mediodía, pues han dejado un desbarajuste de padre y señor nuestro.

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