Daisy Ashford escribió su obra maestra, Los jóvenes visitantes a la tierna edad de nueve años. Dejó de escribir a los catorce. César Aira no ve allí ningún enigma: “Preguntarse por qué no volvió a escribir de adulta equivaldría a preguntarse por qué dejó de jugar a las muñecas”.
Nunca supe del todo si el episodio en cuestión fue tan cierto como lo describieron mis amigos, todos ellos, yo mismo, contertulios de un bar de las afueras del pueblo, La cartuja, que no por retirado carecía del glamour que nosotros, hermosamente veinteañeros, pretendíamos y todo a un precio que no turbaba demasiado la economía [...]
Un handy suena. Distraída tratando de revolver el azúcar sin disolver la crema –detesto que la crema se disuelva en el café y deje de ser crema para volver a ser leche–, me pregunto si será el mío. Pero no hago nada por comprobarlo. No, debe ser el del tipo trajeado que está sentado a [...]
Hacia mis 20 años, me sentí prendado del Surrealismo, y específicamente del modo de captar o merodear la realidad a través de una forma surreal de la percepción. Había leído ese maravilloso librito de Maurice Nadeau acerca de la Historia del Surrealismo, y más tarde, Nadja de Breton. Entonces a esa edad, me largaba a [...]
Propicia a las compulsiones, pero también a los trabajos y a los días, a veces se me ocurre pasear sin rumbo fijo por las calles de negocios lindos de la ciudad, para evadirme de la ingratitud de las labores cotidianas y entregarme a los paraísos artificiales del lujo etiquetado. En estos paseos consumistas suelo comprar [...]
Llegó la hora de irme, de repente, sin premeditación. Lamento que algunos no lo entiendan y lo reprochen, en definitiva continúan prevaleciendo mis ganas de desaparecer, no puedo evitarlo (como tampoco podría evitarse el miedo o la vergüenza).
Voy a intentar ser lo más sincero posible.
Hoy en día me están pasando otras cosas, [...]
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